Jerusalén y alrededores; Un Viaje al encuentro de Jesús de Nazaret

 

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Algunas vistas de Jerusalén

 

JERUSALÉN: SITUACIÓN GEOGRÁFICA Y UN POCO DE HISTORIA

                                                                  Jerusalén (en hebreo, Yerushalayim y en árabe, al-Quds) es una de las ciudades más antiguas del mundo, habitada por los jebuseos antes de la llegada de las tribus hebreas a Canaán a principios delsiglo XIII a. J. Fue la antigua capital del Reino de Israel y del Reino de Judá y, siglos más tarde, del reino franco de Jerusalén. Es considerada una ciudad sagrada por tres de las mayores religiones monoteístas del planeta: el judaísmo, elcristianismo y el Islam. El origen preciso del nombre hebreo (Yerushalayim) es incierto y los académicos ofrecen distintas interpretaciones. Algunos afirman que procede de las palabras hebreas yeru (casa) y shalem o shalom (paz), por lo que Jerusalén significaría literalmente «Casa de la Paz». Otra interpretación afirma que podría hacer referencia aSalem, un antiguo nombre de la ciudad, que aparece en el Génesis.

                                                                  Jerusalén  es la principal ciudad del Estado de Israel. Situada en un área de colinas y valles, entre el mar Mediterráneo y el mar Muerto, a unos 93 kilómetros al este de Tel Aviv-Jaffa, es la segunda ciudad más importante del país, en el límite entre Cisjordania e Israel. Jerusalén es reclamada por el Estado de Israel como su capital, si bien este hecho no es reconocido como tal por la Organización de las Naciones Unidas. Ciudad santa para las tres religiones principales del mundo, todas ellas monoteístas: judaísmo, cristianismo e Islam, Jerusalén fue una ciudad dividida desde 1948 hasta 1967. Israel controlaba la parte occidental: Jerusalén Oeste o Ciudad Nueva y Jordania el sector oriental: Jerusalén Este, incluida la Ciudad Antigua, el centro histórico de la localidad. En 1967, Israel conquistó la parte oriental durante la guerra de los Seis Días. Desde entonces, toda Jerusalén se halla bajo el control de la administración israelí, pese a que su estatus sigue siendo un motivo de disputa entre israelíes y árabes.

                                                                   La Ciudad Antigua de Jerusalén,  rodeada por murallas con puertas,  se divide en cuatro barrios o sectores: armenio, cristiano, judío y musulmán, con sus correspondientes tiendas y lugares particulares en cada uno de ellos. Las murallas son los restos de las construidas por los turcos en el siglo XVI. El sector cristiano, al noroeste, contiene la Puerta Nueva, compartiendo con el sector armenio, en el suroeste, la Puerta de Jaffa y la Puerta de Damasco,  al norte, con el barrio musulmán, en la parte nororiental de la Ciudad Antigua y en el que nos encontramos con la Puerta de Herodes, la Puerta de San Esteban y la Puerta Dorada, al este de la cual están el Monte de los Olivos y el huerto de Getsemaní, lugares sagrados y emblemáticos donde los haya. El barrio principal de la ciudad antigua es el judío, que ocupa la parte suroriental. En él está la Puerta de Sión, al sur de la cual encontramos el Monte Sión, donde se dice que está la Tumba del rey David. En este sector también se encuentra la Puerta Dung. Rodeando la Ciudad Antigua, está la Ciudad Nueva, que comenzó a desarrollarse a partir del siglo XIX. Esta zona de Jerusalén se extiende hasta el desierto,  a través de las colinas circundantes, con suburbios y zonas ajardinadas. Las amplias avenidas, los apartamentos modernos y los edificios de oficinas, contrastan con las calles estrechas, los callejones y las casas más humildes de la Ciudad Antigua.

                                                       El lugar donde está ubicada Jerusalén está habitado desde el paleolítico. Los habitantes originarios fueron expulsados entre los años 5000 y 4000 a. J., por un pueblo mencionado en el Antiguo Testamento como los cananeos, quienes avanzaron por ese territorio en la edad del bronce. Los invasores, un pueblo muy mezclado entre los que predominaban los jebusitas (o jebuseos), cayeron bajo el dominio de Egipto en el siglo XV a. J., durante las conquistas del faraón Tutmosis III. Más tarde, hacia el 1250 a. J., los hebreos iniciaron la conquista de Canaán, bajo el liderazgo de Josué. Sin embargo, Jerusalén se hallaba tan fortificada que no se rindió y resistió durante 200 años,  hasta que David la ocupó finalmente después de ser ungido rey de Israel (2 Samuel. 5,6-9; 1 Crónicas. 11,4-7).

                                                      Según el Antiguo Testamento, David decidió convertir a Jerusalén en su residencia permanente y también en la capital de su reino. El nuevo rey trajo el Arca de Jehová (o de la Alianza) hasta la ciudad, desde Qiryat Ye’crim, un antiguo lugar al oeste de Jerusalén considerado santo, y la instaló en un nuevo tabernáculo, construyendo a su alrededor el palacio y otros muchos edificios, además de fortificar la ciudad. El hijo de David y su sucesor al trono: Salomón, continuó el desarrollo de Jerusalén. Levantó la muralla de la ciudad y varios edificios más con un esplendor desconocido hasta entonces en el reino, destacando el templo y el palacio real, rodeados ambos por una muralla. El palacio, dispuesto en forma de terrazas sucesivas, consistía en una vivienda, edificada sobre vigas y pilares de cedro, traídos de los bosques del Líbano.  El edificio principal del templo era de una gran belleza, aunque comparativamente pequeño respecto al resto de la construcción. El templo se construyó con piedra y madera de cedro, y se hallaba rodeado por un patio que contenía el altar de las ofrendas quemadas y el ‘mar líquido’, un depósito de agua de bronce.

                                                                  Jerusalén continuó expandiéndose tras el reinado de Salomón, hasta que diez tribus del norte de Israel se separaron de la casa de David, tras lo cual la importancia de la ciudad, que se había convertido en la capital de dos tribus: Judá y Benjamín, decreció mucho. Jerusalén fue destruida durante los siguientes dos siglos por diversas incursiones militares. Hasta mediados del siglo VIII a. J., la ciudad no comenzó a recuperar su esplendor anterior, siendo incluso destruida por Nabucodonosor II, rey de Babilonia (587 a. J.). Bajo la hegemonía de los macabeos, se inició una época de prosperidad desconocida hasta entonces, convirtiéndose Jerusalén en la ciudad santa del judaísmo y en el principal lugar de peregrinación de los judíos, así como también de los cristianos.

                                                                  Se sabe muy poco de la evolución de la ciudad desde los tiempos de Adriano hasta los del emperador romano Constantino I el Grande, cuando el cristianismo, con fines de unificación, fue proclamado la religión del Imperio. La población de Jerusalén se fue sustituyendo de forma progresiva por los cristianos y los peregrinos que llegaban a la ciudad. Por orden del emperador Constantino, se construyó la iglesia del Santo Sepulcro, así como otros edificios también de carácter religioso. Entre los monumentos más notables de este periodo, destacan la iglesia de San Esteban, al norte de la ciudad, levantada por orden de la emperatriz bizantina Eudocia, que también reconstruyó la antigua muralla meridional de la ciudad y la gran iglesia de Santa María, en la colina del templo, construida por el emperador bizantino Justiniano I.

                                                                  La ciudad de Jerusalén, tras haber sido tomada por los persas en el 614, y después de ser recobrada por el emperador bizantino Heraclio en el 628, fue conquistada en el 637 por los musulmanes, bajo el califa Omar I. Una capilla, la Cúpula de la Roca, fue erigida sobre una roca en la que se creía que estaba el lugar del altar del templo edificado por Salomón. Los cristianos vieron limitadas sus actividades en la ciudad y cuando los califas fatimíes egipcios se convirtieron en los gobernadores de Jerusalén en el 969, la situación se hizo más precaria aún. Los turcos seleúcidas conquistaron la ciudad en el 1071, y su maltrato a los cristianos, así como la destrucción de la iglesia del Santo Sepulcro, fueron algunas de las razones que, al menos oficialmente, impulsaron las cruzadas. En 1099, los cruzados, dirigidos por el noble francés Godofredo de Bouillon, se apoderaron de la ciudad. Jerusalén volvió a ser entonces una ciudad cristiana, que perteneció al llamado reino latino de Oriente hasta el 1187, año en que fue reconquistada por los musulmanes bajo el mando de Saladino I, quien casi terminó con el reino cristiano.

                                                                  Desde el siglo XIII, cuando Jerusalén fue conquistada por los mamelucos egipcios, hasta el reinado de los turcos otomanos, que comenzó en 1517, la importancia de la ciudad decreció. Sin embargo, durante estos siglos, muchos judíos que huían de las persecuciones que sufrían en Europa volvieron a Jerusalén donde, a finales del siglo XIX, se convirtieron en una parte importante de la población de la ciudad. Jerusalén fue ocupada por las fuerzas militares británicas en 1917, y desde 1922 hasta 1948, formó parte del mandato británico de Palestina, como capital del territorio. Tras la creación del Estado de Israel en 1948, Jerusalén fue el escenario de las luchas más cruentas entre judíos y árabes. La Asamblea General de las Naciones Unidas, en su plan de división inicial del 29 de noviembre de 1947, propuso hacer de Jerusalén y sus alrededores un enclave internacional. El objetivo principal era asegurar el acceso libre a los lugares santos de la ciudad a todos los grupos religiosos. Sin embargo, en la primavera de 1948 los ejércitos de Israel y Jordania conquistaron la ciudad. Los israelitas ocuparon la parte occidental de Jerusalén, que abarca la zona moderna residencial y la zona de negocios, mientras que Jordania ocupó la parte oriental, donde se encuentra la Ciudad Antigua. Además, las fuerzas israelitas mantuvieron un pasillo con el que se comunicaban con Tel Aviv-Yafo en la costa. Mediante el armisticio firmado el 3 de abril de 1949 entre Israel y Jordania, ambas partes reconocieron la partición de la ciudad. En 1950, el sector occidental fue declarado la capital de Israel. Durante la guerra de los Seis Días, en junio de 1967, las fuerzas israelitas tomaron la Ciudad Antigua y la Knesset (Parlamento) israelí decretó unilateralmente la reunificación de la ciudad ante la protesta generalizada del mundo árabe. A pesar de ello, en 1980, laKnesset declaró a la ciudad reunificada la capital eterna de Israel.

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La Puerta de Damasco hacia 1900

                                                                  Jerusalén ha seguido siendo una ciudad disputada durante las décadas de 1980 y 1990, pues mientras que Israel seguía manteniendo su reclamación sobre la totalidad de su territorio, los palestinos exigían la devolución de Jerusalén Este, incluyendo la Ciudad Antigua y los santos lugares. En septiembre de 1993, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, firmaron un tratado de paz que incluía la necesidad de lograr un acuerdo negociado sobre el futuro estatuto político de la ciudad. No obstante, debido a lo delicado de la cuestión, el asunto relativo a Jerusalén fue apartado en las negociaciones globales que siguieron a la firma de paz inicial. En enero de 1996, Yasir Arafat fue elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina, un órgano ejecutivo para la gobernación de los territorios autónomos palestinos, que habían sido ocupados por Israel en 1967: Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental. En septiembre de 1996, la construcción de un túnel bajo la Ciudad Antigua de Jerusalén a cargo del nuevo ministro israelí, Benjamín Netanyahu, condujo a la resurrección de la intifada palestina en la ciudad, causando decenas de muertos. En 1997, la creación de un barrio judío en una colina árabe de Jerusalén, supuso el inicio de nuevas revueltas, dificultando el proceso de paz en la zona.

                                                                  Las tres culturas, presentes y vivas en Jerusalén: cristiana, musulmana y judía, tienen sus propias fiestas, así como también su propia manera de medir el tiempo, de acuerdo con las tradiciones y preceptos religiosos de cada una de ellas. El calendario judío está basado en el año solar/lunar. El calendario cristiano, o gregoriano, está basado en el año solar/tropical y el calendario islámico está basado en el año lunar. Esta división no sólo influye en las festividades y actos religiosos, también lo hace en la vida diaria. Así, cada sector de población cierra sus comercios un día determinado para disfrutar de su festividad: los cristianos lo hacen los domingos, los judíos los sábados y los musulmanes los viernes. Gracias a esta costumbre, todos los días encontramos comercios abiertos en los que poder hacer nuestras compras y cubrir nuestras necesidades cotidianas. Especial interés tiene el Shabat, ya que la mayor parte de la población, y como consecuencia los comercios y los establecimientos, son judíos. Por ello, muchos cafés, restaurantes, tiendas… están cerradas los sábados. En sábado tampoco se pueden depositar plegarias o peticiones en el Muro de los Lamentos, sólo está permitido rezar, y en los monumentos sagrados tampoco se pueden realizar fotografías durante ese día. Un dato curioso es que, en los hoteles, programan un ascensor para que los sábados pare en todas las plantas, de manera que quienes deseen celebrar el Shabat, no tengan que pulsar las teclas para moverse por el hotel, puesto que es una de las cosas que está prohibida durante esa jornada. En los barrios habitados únicamente por población judía, los sábados no se puede pasar con coche y en algunos, los de ideas más conservadoras, cierran incluso físicamente las calles, porque no quieren ser molestados en ese día tan importante para ellos que, la práctica totalidad, celebra rezando, asistiendo a la sinagoga y comiendo con la familia. También se visten con una ropa especial para ese día y, los más ortodoxos, llevan un sombrero distinto al que se ponen entre semana.

 

                                                                  Es fácil distinguir a l@s judí@s del resto de habitantes de Jerusalén, en particular, y de Israel en general, y mucho más de l@s viajer@s y turistas de otros países, ya que su vestimenta habitual es negra y blanca. Las mujeres llevan la cabeza tapada por un sombrero, una redecilla o una peluca, porque mostrar el propio cabello se considera un acto impuro. Todas ellas van vestidas con falda más bien larga y, cuando la llevan por la rodilla, cubren sus piernas con medias negras y tupidas. Apenas se arreglan y tampoco llevan joyas u otros adornos. Incluso las más jóvenes y l@s niñ@s van así vestid@s. Los sectores judíos más ortodoxos viven en barrios que más bien parecen guetos, no tienen televisión ni Internet en casa y no quieren que sus hij@s conozcan nada más que sus tradiciones y costumbres. Como cabe suponer, las mujeres están bastante mal consideradas en estos grupos tan rígidos y apegados a la tradición, siendo su principal papel tener todos los hijos que vengan y estar exclusivamente al cuidado de su familia,  bajo la autoridad de su esposo y del resto de la comunidad, dirigida en su totalidad por hombres. También me llamó mucho la atención, nada más llegar, que todos los edificios, incluso los más modernos, son del mismo color y están construidos con la misma piedra: meleke, de acuerdo con una ley promulgada en el año 1917, cuando Jerusalén estaba bajo el mandato de Inglaterra.

                                                                   La moneda oficial del país es el shekel, equivalente a unos 4’50 euros. En la Ciudad Vieja se puede pagar con la moneda israelita, con euros y con dólares, la moneda preferida sobre cualquier otra, en prácticamente todas las tiendas y establecimientos. Los taxistas también admiten dólares y euros. El gentilicio en castellano de los habitantes de Jerusalén es jerosolimitano o hierosolimitano.

 

UN VIAJE AL ENCUENTRO DE JESÚS DE NAZARET

 

                                                                  Para mí Jesús de Nazaret, o Jeshua ben Joseph, como más te guste, es el Maestro de todos los Maestros y un auténtico revolucionario de la conciencia humana, porque no hay mayor revolución, al menos a mí así me lo parece, que aquella que reconoce el amor, la inteligencia, la luz y la divinidad intrínseca que cada ser es, haga lo que haga por fuera y se manifieste como se manifieste su personalidad externa, lo que no significa que estemos libres de responsabilidad por nuestros actos. Reconozco mi completa subjetividad en esta opinión, pero si dijera otra cosa sería infiel a lo que siento y eso es algo que no me voy a permitir, que no quiero permitirme en modo alguno.  Los mensajes de Jesús, que han llegado hasta nuestros días plenos de inteligencia, luz, amor, significado y valor, como si estuvieran recién sacados del horno de la Divinidad, no hacen diferencia entre razas y religiones, épocas y culturas, plebeyos y patricios, hombres y mujeres, niñ@s y adult@s… Son mensajes universales y únicos que van dirigidos al alma de tod@s, porque tienen en su base la profundas y auténticas verdades de que tod@s somos hij@s deDios, de que tod@s hemos sido cread@s a su imagen y semejanza y, por lo tanto, como no podría ser de otro modo, de que tod@s somos portadores y llevamos en nuestra esencia el Reino de los Cielos, ese que no hay que ir a buscar a parte alguna porque, como Jesús tantas veces recordó a sus discípul@s y seguidor@s, de entonces y de ahora, siempre ha estado, está y seguirá estando dentro de nosotr@s. Es más, siempre hemos sido, somos y seremos ese Reino Celestial, esa Jerusalén Celeste, ese lugar sagrado donde la Voluntad de Dios es conocida y donde están perfectamente unidas todas las voluntades humanas.

                                                                   Todos los credos y religiones, occidentales y orientales, respetan, admiran y tienen en alta consideración las enseñanzas, pocas pero contundentes, y la personalidad de Jesús, ese galileo a quien se consideraba un ciudadano de segunda categoría, como a tod@s l@s nacid@s en Galilea, y del que se pensaba estaba tramando una revolución, como ya había ocurrido en épocas anteriores con sus paisanos. Seguramente la persona, la historia y la vida de Jesús, tanto las conocidas como, especialmente, las ocultas, han suscitado más hipótesis, especulaciones, interpretaciones, debates y páginas escritas que las de ninguna otra figura importante encarnada en la Tierra. Los escritos que los teólogos católicos han reconocido desde antiguo como verdaderos, distan mucho de presentarnos una imagen real y extensa del primer ser humano (al menos en lo que tenía de tal cuando vino a la Tierra en aquella ocasión) que logró desarrollar dentro de sí el Cristo Cósmico, que logró aglutinar en su ser todos los patrones obsoletos acumulados hasta entonces, transmutándolos y convirtiéndolos en Luz, facilitando el salto cuántico que la humanidad dio entonces y mostrándonos con su ejemplo que nosotr@s también podemos y debemos hacerlo, puesto que en nada somos diferentes a Él. Quizá ni siquiera lo seamos en cuanto a nuestra consciencia de las funciones que hemos venido a realizar a Tierra, y que Él tampoco tuvo claras desde el principio, sino a partir de un determinado momento de su vida pública y según se iban desarrollando los acontecimientos que dieron lugar al final, más bien al principio, conocido por tod@s.  Ahora estamos en un momento en el que los frutos de lo que Jesús dejó hecho están empezando a cosecharse, y ante nosotr@s se están abriendo de par en par las puertas del Templo, ese que no ha sido construido por las manos humanas sino por las Divinas, ese en el que la Divina Presencia mora a perpetuidad, esperando ser reconocida y llevada al mundo terrestre, para que éste se convierta en el Paraíso que, desde hace eones de tiempo, está destinado a ser, una vez reactivadas nuestra conciencia y nuestra divinidad, y mientras conservamos nuestro vehículo terrestre.

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                                                                   En los evangelios canónicos, la vida de Jesús se pierde durante dieciocho años, los que van desde los doce, cuando dejó admirados y perplejos a los sabios y rabinos del templo de Heliópolis (no de Jerusalén como la tradición cristiana sostiene) con sus explicaciones y conocimientos, hasta los treinta, cuando apareció de nuevo en Israel para dedicarse, durante los tres últimos años de esa vida terrestre, a predicar su mensaje y llevar a cabo todo lo que había aprendido a hacer en sus años de formación en Egipto, Persia, la Meca, la comunidad esenia del Mar Muerto y seguramente muchos otros lugares en los que residió y se formó para alcanzar ese grado de vibración energética y de maestría que le elevó y convirtió en Jesús el Cristo, una vez trabajada, trascendida y transmutada la parte más humana y terrena de su personalidad como Jesús de Nazaret, una personalidad que, no obstante, ya había mostrado su sello divino desde que estaba en el vientre de su bendita madre: María, la joven virgen con quien se desposó José, un iniciado de la estirpe de Elías, viudo, padre de varios hijos y por entonces muy anciano. Los evangelios apócrifos, ocultos durante muchos siglos, nos presentan una imagen diferente de Jesús, señalando que ya desde sus primeros días de vida, eso que llamamos milagros eran comunes y corrientes a su alrededor. Al parecer, sus padres tuvieron frecuentes dificultades con algunos de sus vecinos, debido al gran poder interior, con repercusiones en el exterior, que el todavía Jesús niño mostraba y manifestaba por doquier.

                                                                   Mi estancia en Jerusalén y en los otros lugares que he visitado, no sólo ha sido un reencuentro con Jesús de Nazaret y con todo ese poder e inteligencia interior común a tod@s, también ha sido, seguramente sobre todo, un volver a vivir aquellos días, de una manera nueva y distinta, con los conocimientos que ahora tengo y con todo el camino que, para llegar allí he recorrido, interior y exteriormente. Esos días en que el Maestro Jesús anduvo por el planeta Tierra, durante algunos años en Israel, vestido con el traje humano y mortal necesario para aquella ocasión, de acuerdo con el trabajo que había venido a hacer, las funciones que había venido a cumplir y las enseñanzas y mensajes que había venido a dejar aquí, para las gentes de su época y para todas las demás desde entonces en adelante.

                                                                   Hacía mucho tiempo que quería visitar esta santa tierra. Siempre que alguien me contaba que había estado allí sentía por dentro que también quería conocerla. Por una parte me resistía a admitirlo, por las connotaciones religiosas que Jerusalén en particular, e Israel en general, siempre han tenido, no fuera a ser que quien me oyera formular ese deseo se formara una opinión equivocada de mí. Por otra, la palabra Jerusalén daba unos golpecitos en las puertas de mi corazón,  que se fueron haciendo más fuertes cuando empecé a estudiar Cábala, en el año 2009. A partir de entonces, lo que durante mucho tiempo fue sólo una posibilidad, se fue transformando en un objetivo imprescindible porque, para cualquier cabalista que se precie, visitar Tierra Santa no es una elección sino algo que hay que hacer sí o sí. Reconozco que nombrar santa a una tierra en la que abundan los soldados, las alambradas y los muros de separación, se hace un poco difícil.  Recordar la permanente lucha que israelitas y palestinos mantienen desde tiempos inmemoriales y las diferencias existentes entre las distintas iglesias sobre Jesús, su vida, sus enseñanzas y su papel, tampoco ayuda. Sin embargo, si dejamos esto a un lado, y nos centramos, como yo hice, en los importantes acontecimientos para el desarrollo espiritual de la humanidad que allí tuvieron lugar, resulta muy fácil encontrar la paz y el amor predicados por Jesús en todos los lugares en los que estuvo y que, en mi opinión, quedaron impregnados de su presencia y de su inteligencia.

                                                                   Hace cuatro años, una persona que leyó mi Árbol de la Vida me dijo que durante muchas vidas yo había estudiado y trabajado con la Cábala y, por consiguiente, que Jerusalén era un lugar muy importante para mi alma, un emplazamiento al que debía volver para reencontrarme con lo que había dejado allí a lo largo de esas vidas y recuperar de ellas todo lo necesario para la vida presente. Hace dos años estuve a punto de hacer este viaje, aunque finalmente cambié de opinión, sin saber muy bien por qué. Sólo sabía que no era el momento adecuado para ello y confiaba en que, cuando el tiempo propicio llegara, lo haría. Finalmente así ha sido y estoy segura de que voy a volver en breve, muy posiblemente antes de que acabe este año.

                                                                   Siempre me siento acompañada allí donde estoy, porque se que realmente lo estoy, sin embargo, en este viaje no sólo he sentido esa sensación de estar rodeada de inteligencias invisibles que tengo en todas partes, también sentí todo el tiempo la impresión de que todo estaba dispuesto para mí. Desde que puse el pie en el aeropuerto de Tel-Aviv, todas las cosas fueron sucediendo como si una mano invisible dirigiera todo y lo fuera preparando para que yo sólo me dedicara a disfrutar al máximo de mi estancia en esas tierras. La organización de la mayorista con la que contraté el viaje fue impecable y en todo momento llegaba la persona oportuna para ir donde tenía que ir, desde la persona que fue a recibirme al aeropuerto y que milagrosamente entró en el control de pasaportes, justo en el momento en que yo me había atascado con el inglés y no sabía qué tenía que contestar a la policía que tenía que dar el visto bueno a mi entrada en el país, hasta el chófer que fue a recogerme al hotel el día de mi regreso a casa, pasando por el guía de los lugares visitados, el personal del hotel y todas las personas con las que durante mi estancia en Jerusalén me fui encontrando.  Por eso, y aunque me ocurre en todas partes, en Jerusalén me he sentido mucho más en casa que en los otros países que he visitado hasta ahora. Sentía, a cada paso que daba, que yo ya había estado allí, muchas veces, muchas vidas, y estoy segura de que una de esas vidas coincidió en el tiempo con la época en que el Maestro Jesús y el resto de personas relacionadas con su vida, estuvieron por allí.

                                                                   Otra cosa que también me resultó llamativa es que, tras volver de Jerusalén, se ha activado considerablemente la diversión en mi vida porque, desde mi regreso, todas las semanas he tenido muchas y diferentes oportunidades de divertirme, desde encuentros con gente a la que hacía mucho tiempo que no veía, hasta celebraciones de todo tipo. Sé de sobra, como he dicho antes, que las casualidades no existen y que éste ha sido uno de los regalos que me he traído de esas maravillosas, sagradas y especiales tierras. Mientras terminaba de redactar este escrito, asistí a un seminario sobre la vida de Jesús de Nazaret y las diferentes funciones que vino a realizar a la Tierra, en el que supe por qué han sido los aspectos festivos de mi vida los que más se han reavivado durante mi estancia allí.

                                                                   Entre las cosas que el Maestro Jesús realizaba con más frecuencia con sus discípulos,  discípulas  y demás seguidor@s, incluida su propia familia: madre, herman@s, esposa e hij@s, destacaban tres: comer y beber, cantar y bailar, y hacer plegarias. Según las enseñanzas de la tradición original, los grandes maestros de la humanidad aprovechan los momentos de asueto, diversión y satisfacción de las necesidades básicas del cuerpo humano, para transferir su gracia, su alta vibración energética y su capacidad alquímica para transformar, transmutar e incluso transfigurar, es decir, convertir en moléculas de luz, todo aquello que tocan, ven, huelen o tienen cerca.

                                                                   Cuando nos estamos divirtiendo, cantando, bailando e incluso comiendo o bebiendo, dejamos la mente y la razón a un lado, nos centramos en disfrutar con nuestro cuerpo y, por consiguiente, abrimos la puerta a las emociones y las sensaciones, siendo ese un momento muy propicio para recibir al Espíritu y contagiarnos de su grandeza e inteligencia. De este modo, l@s seguidores y discípul@s de Jesús de Nazaret, iban siendo espiritualmente transformad@s por su inteligencia y su propia transformación, sin que se dieran cuenta y sin que pusieran la consciencia y la mente en ello. Allí donde interviene la mente, con sus creencias, esquemas preconcebidos y expectativas, al alma le cuesta abrirse paso y llevar a cabo su trabajo alquímico, al actuar por otros caminos a donde la mente, por sí sola, no puede llegar, le resulta mucho más fácil realizar sus funciones y abrirnos la puerta a ese crecimiento interior tan necesario para nuestra evolución y la evolución de todo.

                                                                   Cuando comemos, no sólo introducimos en nuestro cuerpo los alimentos, también ingerimos lo que nos rodea, ya sea de alta o de baja frecuencia vibratoria. En relación con esto, una costumbre antigua que nos vendría muy bien tener en cuenta, es no sentarnos a la mesa si estamos enfadad@s o iracund@s, para no transmitir a los alimentos, y a quienes nos rodean, la baja vibración energética de nuestro estado emocional. Lo mismo vale para los programas televisivos, especialmente los dedicados a destacar las miserias humanas. De manera que, si estamos comiendo, bebiendo, bailando, cantando o rezando con un/a Maestr@ al lado, como les ocurría a l@s seguidor@s de Jesús de Nazaret, no sólo alimentaremos y haremos gozar a nuestro cuerpo, también, sin darnos cuenta, estaremos alimentando, transmutando y haciendo gozar a nuestra alma. Así que, esa activación de la diversión en mi vida significa que el Espíritu está actuando en mí y haciendo el trabajo alquímico necesario para que mi desarrollo personal y mi crecimiento espiritual continúen sin que mi mente intervenga. ¿Se referiría a esto Jesús cuando decía:“Que lo que hagas con tu mano izquierda, no lo sepa tu mano derecha”?

                                                                   Jerusalén y sus alrededores, sin duda unos lugares más que otros, están energéticamente cargados con la inteligencia de Jesús de Nazaret, al menos eso fue lo que yo sentí, ya que para mí es una presencia viva en todo aquel territorio. Tan poderosa es su fuerza, que permanece allí tras el paso del tiempo, dispuesta para quien vaya con el corazón y la alma abiertos, sin expectativas, y con la intención de reconectar con lo más profundo de su ser: con su esencia divina, esa que Jesús tantas veces ensalzó y valoró en tod@s, esa divinidad que vino a mostrar, reconocer y desarrollar, mostrándonos a su vez cómo está abierta a tod@s y cómo tod@s podemos alcanzar la, puesto que no hay que ir a buscarla a parte alguna. Sólo necesitamos saber que ya está dentro de nosotr@s, porque ya somos eso, siempre lo hemos sido y siempre lo seremos. Nadie nos la tiene que dar. Ya nos la otorgó la Divinidad Creadora, al crearnos a su imagen y semejanza. Lo que sí tenemos que hacer es alimentarla y expresarla en el mundo para beneficio de tod@s y de Todo.

 

ITINERARIO DEL VIAJE

 

                                                                  Este viaje lo realicé entre el jueves 27 y el lunes 31 de Marzo de 2014, bajo el signo de Aries y recién estrenado el Equinoccio de Primavera. El día de mi partida,  la Luna estaba en Fase Balsámica, una fase lunar que hace de puente entre lo viejo y lo nuevo, ya que se da en los últimos días de la Luna Menguante, cuando el satélite terrestre se va acercando al Sol, antes de entrar en Fase Nueva y comenzar un nuevo ciclo. El domingo 30 tuvo lugar esa conjunción de la Luna con el Sol, de modo que, el día de mi regreso, el lunes, fue en plena Fase Nueva, el momento en que la Luna, gracias a su unión con el Sol, empieza a coger una nueva fuerza para comenzar, desde ese mismo momento, un nuevo período que va creciendo durante aproximadamente veintiocho días, hasta la siguiente lunación. El signo en el que la Luna entró ese día en

                                                                   Estos datos, como astróloga, son extraordinariamente importantes y tienen un significado muy profundo para mí. De hecho, si realicé este viaje en esas fechas fue porque astrológicamente era un momento perfecto para mí, tanto interior como exteriormente. Viajar a Jerusalén ha marcado un antes y un después en mi vida, como me ocurre siempre que viajo a otros países. Sin embargo,  siento que esta vez el cambio será mayor, debido a los acontecimientos que allí tuvieron lugar y que dieron la vuelta al curso de la historia, una historia que hemos heredado y que ahora estamos reescribiendo de acuerdo con lo que Jesús hizo y dejó hecho para que en su momento, el presente, los resultados de sus funciones se hicieran manifiestos.

                                                                 

Jueves 27 de Marzo – Salida de Madrid y vuelo con destino a Tel Aviv – Llegada y traslado a Jerusalén.

Planeta regente del día: Júpiter

Arcángel regente del día: Rafael

Sello Maya del día:Lamat Oc: Estrella Entonada Amarilla: Embellece la Elegancia, confiriendo poder, comandando y dando esplendor

Algoritmo de la fecha gregoriana: 19 – Arcano Mayor XIX El Sol

 

 

Viernes 28 de Marzo – Salida hacia el Monte de los Olivos para disfrutar de una vista panorámica de Jerusalén. Visita al Huerto de Getsemaní y a la Basílica de la Agonía. Recorrido por la Ciudad Moderna de Jerusalén, con visita alSantuario del Libro en el Museo de Israel. Parada y visita en Yad Vashem, el principal lugar de Israel que recuerda el holocausto. Recorrido por el Barrio de Ein Karem. Viaje a Belén para visitar el Campo de los Pastores, la Basílica y laGruta de la Natividad.

Planeta regente del día: Venus

Arcángel regente del día: Uriel

Sello Maya del día: Muluk Uak: Luna Rítmica Roja: Purifica el Agua Universal, organizando, equilibrando y creando igualdad

Algoritmo de la fecha gregoriana: 20 – Arcano Mayor XX: El Juicio

 

Sábado 29 de Marzo – Visita de la Ciudad Antigua de Jerusalén, visitando la Iglesia del Santo Sepulcro, la Vía Dolorosa y el Muro de los Lamentos, además de los cuatro barrios del casco antiguo: judío, musulmán, armenio y cristiano. Viaje hacia el Monte Sión, donde están la Tumba del Rey David y el Cenáculo. Abadía de la Dormición y Ascensión de María.

Planeta regente del día: Saturno

Arcángel regente del día: Zadkiel

Sello Maya del día: Oc Uuk: Perro Resonante Blanco: Ama el Corazón, inspirando, canalizando y equilibrando

Algoritmo de la fecha gregoriana: 21 – Arcano Mayor XXI: El Mundo

 

Domingo 30 de Marzo –  Día libre en Jerusalén. Nueva visita a la Ciudad Antigua. Luna Nueva de Aries a las 20:45 horas, horario peninsular español.

Planeta regente del día: Sol

Arcángel regente del día: Miguel

Sello Maya del día: Chuen Uaxac: Mono Galáctico Azul: Juega la Magia, modelando, armonizando y creando integridad

Algoritmo de la fecha gregoriana: 13 – Arcano Mayor XIII: El Arcano Sin Nombre

 

Lunes 31 de Marzo – Mañana libre en Jerusalén y vuelo de regreso a Madrid.

Planeta regente del día: Luna

Arcángel regente del día: Jofiel

Sello Maya del día:Eb Bolon: Humano Solar Amarillo: Manifiesta la libre voluntad, pulsando, realizando y llevando a cabo la intención

Algoritmo de la fecha gregoriana: 14 – Arcano Mayor XIV: Templanza

 

 

LUGARES VISITADOS

 

                                                                  El día de mi llegada a Jerusalén, a última hora de la tarde del jueves, me dediqué a pasearme por sus calles después de la cena. No quería acostarme sin haber hecho una primera toma de contacto con la ciudad, con sus gentes, con su ambiente, con su energía, así que, ni corta ni perezosa, salí del hotel con la intención de llegar hasta el casco histórico, aunque finalmente no logré encontrarlo. Después de caminar durante bastante rato, regresé al hotel para descansar y prepararme para el día siguiente, cuando comenzaría mi recorrido en grupo. Me llevé una gran sorpresa cuando subí al autocar, la mayoría de la gente era de México, un país que tengo muchas ganas de visitar. También había gente española y de Perú. Este grupo había comenzado su viaje al principio de la semana, en el norte de Israel, y Jerusalén era el punto final de su recorrido.

 

                                                                  Antes de hablar de los lugares que he visitado en Jerusalén y alrededores, considero importante mencionar que los escritos sobre el nacimiento, vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, no fueron contemporáneos al Maestro, sino que empezaron a realizarse muchos años después de que dejara la Tierra. Quién era y a qué vino Jesús a nuestro planeta no fue algo de lo que las gentes de su época, ni siquiera las más cultas, tuvieran una conciencia inmediata. Debido a que había nacido en Galilea, cerca del mar del mismo nombre, una tierra considerada de segunda categoría en Israel, por estar habitada por pescadores y gentes del campo, pasó inadvertido para la mayoría que lo que Jesús contaba y hacía, tenía relación con la evolución espiritual de los seres humanos. Dadas sus controversias y ataques abiertos a muchas de las leyes y costumbres judías, era considerado un enemigo religioso y político, alguien que estaba intentando provocar una rebelión. Otra parte de la gente que le conoció creía que era el Mesías que salvaría al pueblo judío y le devolvería su estatus de pueblo elegido de Dios. Y una tercera veía en Jesús al heredero al trono de Israel. Como ahora sabemos, la tarea y la función del Maestro eran otras y muy diferentes a las supuestas por todos en aquellos momentos.

                                                                   Cuando se empezó a tomar conciencia de la importancia de Jesús, y a intuir lo que realmente había venido a hacer, quienes le conocieron comenzaron a hablar de él y, muchos años después, esa tradición oral comenzó a plasmarse por escrito. En la época de Jesús, los idiomas predominantes eran el arameo y el griego. Él hablaba el arameo de Galilea, un tanto diferente al que hablaba el resto de Israel. En aquellos tiempos, prácticamente toda la población era analfabeta y, por consiguiente, habría sido muy difícil que alguien hubiera tenido la idea de ir escribiendo las enseñanzas y los hechos de la vida de Jesús a medida que ocurrían, como hacen ahora nuestr@s cronistas y periodistas. Tras su marcha del planeta, y por temor a ser perseguidos, encarcelados e incluso matados, sus discípulos se ocultaron como pudieron, la mayoría viajando a otros países en los que comenzaron a predicar las enseñanzas y consejos de Jesús.  Siglos después, cuando cada vez eran más numerosos los escritos sobre Jesús, el galileo,  los teólogos comenzaron a tomar cartas en el asunto, adaptaron lo que había escrito hasta entonces sobre la vida y obra del Maestro, eliminando una gran parte de sus enseñanzas y haciendo resaltar aquello que les convenía que el pueblo supiera, disfrazando muchas cosas y manipulando claramente otras. Como consecuencia, las referencias que la tradición cristiana o judía menciona sobre los lugares en los que ocurrieron el nacimiento, la muerte y el enterramiento de Jesús, tienen muchas rendijas y lagunas. Por ello, muchas de las construcciones que se fueron levantando a lo largo de los siglos para conmemorar su presencia allí, tienen muy poco que ver con la realidad, si bien son lugares muy venerados por la cristiandad en general y por los católicos y judíos en particular desde muy antiguo. Por estos motivos, en cada lugar que visité, traté de conectar con la presencia de Jesús allí y recordar que estuvo en esas tierras, importándome menos si los monumentos construidos se levantaron o no sobre lugares claves de su historia. Si las gentes de su época no sabían, al principio, cuál era su misión, sería difícil que, bastantes años después, se supiera exactamente dónde estaban esos lugares para edificar sobre ellos iglesias, basílicas y otros monumentos.

 

Monte de los Olivos

 

                                                                  La primera visita y parada del viernes fue en el Monte de los Olivos, en el valle de Kidron, desde donde hay una extraordinaria vista de Jerusalén, especialmente de sus murallas y de la cúpula dorada de la Mezquita de la Roca. Los olivos no son tan numerosos como  lo fueron en la época del Maestro, en la que, como es lógico, no había tantas casas ni edificaciones como ahora. No obstante, es emocionante contemplar el monte y ver esa parte de Jerusalén desde fuera y desde ese lugar geográficamente tan alto, sabiendo que Jesús, sus discípulos y tod@s sus demás seguidor@s estuvieron allí, compartiendo vivencias, conocimientos, enseñanzas, plegarias y dificultades.

                                                                  Éste es un emplazamiento de suma importancia en Tierra Santa ya que, por un lado, era el sitio donde Jesús oraba y, por otra parte, también es sagrado para los judíos porque, según el Libro de Zacarías, es el lugar desde donde Dios empezará a redimir a los muertos al final de los tiempos.Por este motivo, los judíos siempre han querido ser enterrados en el Monte de los Olivos. De hecho, existe un gran cementerio donde están sepultadas unas 150.000 personas, entre ellas grandes figuras históricas y religiosas de Israel. Desde el Monte de los Olivos hay una vista privilegiada de la Puerta del Mesías, una de las siete entradas de la muralla de Jerusalén, y por la que, según el judaísmo, el Mesías entraría en la ciudad santa.

                                                                  Después  de pasear por la zona y hacer algunas fotos, subimos al autobús para continuar hasta la siguiente parada: el Huerto de Getsemaní y la Basílica de la Agonía de Nuestro Señor.

 

Huerto de Getsemaní

 

                                                                  Getsemaní (que en arameo significa “lagar de aceite”) es el nombre de un pequeño olivar situado en el monte de los Olivos, frente a Jerusalén. Según cuenta la tradición cristiana, allí se dirigió Jesús, tras la última cena con sus discípulos, antes de ser arrestado. Allí pasó sus últimas horas de libertad y hasta allí fue Judas con los soldados romanos, que apresaron al Maestro tras el beso que el apóstol le dio en la mejilla. Tras la copiosa cena para celebrar la Pascua, los discípulos estaban cansados y soñolientos, motivo por el que Jesús se quedó solo, sin tener a alguien con quien hablar y desahogar sus emociones ante los acontecimientos que estaban próximos a suceder y que concluyeron con su crucifixión en la cima del Gólgota. En el huerto de Getsemaní, además de olivos eran numerosas las rocas esparcidas por todo el lugar, al igual que ocurre con otros muchos parajes en estas tierras. Parece ser que Jesús descansó y se lamentó a su Padre Celestial sobre una de ellas, intentando aliviar el dolor de su corazón ante el destino que sabía, Él mejor que nadie, era ineludible. Sobre esa roca en la que dice la tradición que descansó y lloró Jesús, en su faceta más humana y terrena, se levantó un templo alrededor del siglo IV de la era cristiana. Posteriormente fue destruido, y en el siglo XII se levantó otro santuario, también destruido. En 1681 los franciscanos adquirieron el solar y en 1848 hicieron de él un jardín. Actualmente hay allí una iglesia, la Basílica de la Agonía de Nuestro Señor. En la pared del fondo a la izquierda está la roca natural sobre la que se dice descansó Jesús, levantándose sobre ella el muro de ese lado. En las paredes del templo pueden verse retratadas las escenas relacionadas con lo acaecido allí durante la última noche en libertad de Jesús de Nazaret.

                                                                   En Getsemaní hay ocho olivos que guardan la presencia de Jesús entre ellos, yo por lo menos así lo sentí. Los olivos, por carecer en su tronco de anillos con los que poder calcular su edad, no pueden datarse. No obstante, parece que los que aquí se encuentran tienen un origen muy antiguo, hay quien habla incluso de miles de años. Cuando un olivo deja de ser fértil y muere, enseguida sale un esqueje de él que perpetua al árbol y le prepara para su posterior cosecha de aceitunas. Todo el recinto de los olivos está vallado, de manera que sólo pueden contemplarse desde la valla. De todos modos, yo entré en el huerto con mi intención y me paseé por él, tocando todos los árboles y absorbiendo la energía que todavía hay en el lugar. Todos los árboles, como ocurre con todo, tienen su inteligencia, conciencia y función, estando las del olivo relacionadas con la santidad.

                                                                   Desde el jardín de la Basílica de la Agonía de Nuestro Señor, al lado de Getsemaní, se contempla a lo lejos, con su maravillosa y brillante cúpula dorada, la Iglesia ortodoxa dedicada a María Magdalena, de reciente construcción.

 

Museo de Israel y Santuario del Libro

 

                                                      El Museo de Israel está en la Ciudad Nueva de Jerusalén, levantada alrededor de la antigua. Es la institución cultural más grande del país, ya que reúne más de medio millón de objetos, desde la prehistoria hasta el presente. Aquí está, por un lado, el Santuario del Libro, donde están guardados los siete Rollos del Mar Muerto, que se encontraron en Qumrán en el año 1947 y, por otra parte, en la explanada de entrada encontramos una espectacular maqueta de Jerusalén,  en la que podemos apreciar los cambios que a lo largo del tiempo se han hecho en la ciudad, de acuerdo con el crecimiento y las necesidades de la población. En esta maqueta también podemos observar cómo estaba organizada la Ciudad Antigua, con sus distintas construcciones para las gentes más humildes y más pudientes. Los campesinos vivían de las murallas de la ciudad hacia fuera, y también algunas de las personas más adineradas, con sus casas individuales. En la maqueta también están los distintos templos construidos en la antigua Jerusalén, algunos de ellos levantados por los romanos en lugares estratégicos y con fines políticos. La mayoría de las gentes para las que Jesús hablaba y predicaba, venía de las afueras de la ciudad y era, en una gran parte, campesina.

                                                                   En el Santuario del Libro, podemos encontrar los Rollos del Mar Muerto, unos escritos hebreos muy antiguos, descubiertos en 1947en las Cuevas de Quirbet Qumrán, cerca del Mar Muerto, donde al parecer fueron guardados para la posteridad por los esenios, un grupo religioso hebreo muy antiguo, con quienes se dice que Juan el Bautista y Jesús estuvieron durante cierto tiempo, cada uno por su cuenta, aprendiendo sus costumbres, métodos curativos y enseñanzas sobre Dios, el amor al prójimo, el Reino de los Cielos y la necesidad de observar una buena y justa conducta. Destacaban también los esenios la diferencia entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, siendo así unos de los primeros en introducir el concepto de dualidad en sus enseñanzas.

                                                                  Desde que aparecieron los Manuscritos del Mar Muerto, los estudios sobre los esenios tomaron nueva fuerza e incluso hay una corriente de pensamiento que afirma la procedencia esenia de Jesús y de sus padres: José y María. Según esta hipótesis, tanto las enseñanzas del Maestro como su manera de curar a los enfermos, procederían directamente de la tradición esenia, un grupo de judíos muy antiguo y religioso. En mi opinión, esto tiene bastante sentido, aunque no creo que Jesús adquiriera sus conocimientos y habilidades curativas sólo de los esenios, también aprendió de otros pueblos, como el egipcio y el persa. Los esenios se organizaban en torno a bases comunitarias profundas y a prácticas de un estricto ascetismo. La hermandad esenia, que llegó a contar con aproximadamente cuatro mil miembros, vivió en Siria y Palestina desde el siglo II a. J. hasta el siglo II d. J., si bien parece que sus principales asentamientos se encontraban a orillas del Mar Muerto. Los esenios no son mencionados en la Biblia ni en la literatura rabínica, toda la información que hay sobre ellos proviene de los escritos y obras de Filón de Alejandría, Plinio el Viejo y Flavio Josefo.

                                                                  Los rasgos distintivos más importantes de esta hermandad eran la comunidad de bienes y propiedades, distribuidas de acuerdo con las necesidades de cada persona o familia;  la estricta observancia del shabat y un aseo diario escrupuloso, dentro del que se incluía el lavarse con agua fría y usar prendas de vestir blancas. Tenían prohibido jurar; emitir votos, salvo los exigidos para ser miembros de la orden; sacrificar animales; fabricar armas y participar en el comercio o hacer negocios. Sus miembros eran reclutados a través de la adopción de niños o bien entre aquellos que habían renunciado a todos sus bienes materiales. Se exigía una prueba temporal de tres años antes de que el novicio pudiera emitir sus votos definitivos, que exigían una total obediencia y discreción. La prohibición de ingerir alimentos impuros constituía una ley que podía llegar a significar la muerte por inanición.

                                                                  Los esenios fueron los primeros en condenar la esclavitud, que consideraban una violación de los derechos consustanciales al ser humano. Por ello, se dice que incluso compraban, para después liberarlas, a personas que habían sido hechas esclavas. Los esenios vivían en pequeñas comunidades y su trabajo fundamental se centraba en la agricultura y la artesanía, sintiéndose muy cercanos a la Madre Tierra, con la que comulgaban cada día, e igualmente al Padre Cielo, con el que también tenían su período diario de comunión. Es bastante posible que la idea de la inmaculada concepción de Jesús, tenga sus raíces en las tradiciones esenias, que exigían una profunda preparación de los futuros padres, alimentación incluida, con la intención de que las condiciones previas y posteriores al embarazo fueran las mejores posibles. Al parecer, también eran apocalípticos y mencionaban una lucha final entre las fuerzas de la oscuridad y las fuerzas de la luz.

                                                                  Unos meses antes de realizar este viaje, leí los libros que sobre la comunidad esenia escribió Edmond Bordeaux Székely. Son libros de pequeño tamaño pero de enseñanzas contundentes y muy cercanas a las que transmitía el Maestro Jesús. Recomiendo vivamente su lectura, a quien esté interesad@ en conocer de otro modo a Jesús de Nazaret y contemplar un punto de vista diferente sobre el Maestro y sus mensajes. No es casualidad que, tras mucho tiempo de interesarme por los esenios, comprara estos libros justo unos meses antes de mi viaje a Israel.

Ein Karem

 

                                                                  De caminoa Ein Karem, vemos a nuestra izquierda eldesierto de Judea y las montañas de Jordania detrás de él, más allá de las cuales se encuentra el Mar Muerto. A la derecha nos encontramos con el Bosque de Jerusalén, que tiene sólo entre 40 y 50 años, ya que antes era todo desierto.

 

                                                                  En Ein Karem se levantó la  Iglesia de San Juan Bautista, por ser, según afirma la tradición, el lugar de residencia del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel, madre del Bautista y prima hermana de María. Isabel era ya mayor y no había tenido descendencia. Seis meses antes de la Anunciación a María de su embarazo, el Arcángel Gabriel se apareció a Isabel, para anunciarle igualmente que tendría un hijo “lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre” y que sería el precursor de Jesús. Hacía mucho tiempo que las dos mujeres no se veían, cuando María decidió visitar a su prima Isabel. Cuando las dos mujeres se encontraron, cuentan los escritos bíblicos que bailaron de gozo los dos niños en el seno de sus madres e Isabel le dijo a su prima, mucho más joven que ella: “Bendita seas entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre”.

                                                                   La tradición cristiana también cuenta que en la cripta de la Basílica fue donde nació Juan el Bautista, levantándose el resto del templo a partir de ella. En el recinto de entrada a la Basílica, un amplio patio donde seguramente estaban los animales que vivían en la casa y que tiene un pozo en su centro, encontramos escrito en sus paredes el Magnificat, en todos los idiomas, incluso en catalán, aunque éste no sea el idioma de un país. El Magnificat es la oración que María pronunció cuando se encontró en Ein Karem con su prima Isabel, a quien no veía desde hacía años. Austera y con pocos ornamentos en su exterior, en su interior esta iglesia es muy española, con azulejos y colores en sus paredes, como las de muchos lugares de España, especialmente de Andalucía. Esto no tiene nada de extraño, ya que, por la corona de Aragón, todos los reyes y las reinas españoles lo son también de Jerusalén, así que es fácil comprender la influencia española en dicho templo.

 

                                                                  Juan el Bautista, nazareo desde su nacimiento, por haberse consagrado mediante un voto a Dios, fue el precursor de Jesús de Nazaret, el que fue abriendo y allanando el camino para la llegada del Maestro, bautizando con agua a las gentes que así lo querían y preparándolas para lo que posteriormente sería el bautismo del Espíritu, ese que sólo Jesús podía y debía realizar. Como parte de su preparación, el Bautista estuvo con los esenios en Qumrán, una población cercana al Mar Muerto. Jesús también permaneció cuarenta días con esta secta de gente muy erudita y preparada en los misterios del espíritu y de la vida diaria, en la que veían continuamente reflejada la influencia divina. Esos cuarenta días son los que tod@s conocemos por los relatos bíblicos como la cuarentena de Jesús en el desierto, período en el que no estuvo enfrentándose al demonio ni expiando sus pecados, sino adquiriendo la gran sabiduría y enseñanzas de ese pueblo, antes de volver a Jerusalén y predicar a sus congéneres sobre la existencia del Reino de Dios y la importancia de llevar una vida de conexión con el interior, apreciando también las fuerzas exteriores y viendo en ellas la manifestación viva de la Divinidad, como hacían los esenios, quienes también se ocupaban del buen estado del cuerpo y de mantenerlo lo más inmaculado posible, algo que conseguían tanto con la alimentación y sus técnicas sanadoras como con la continua comunión con la Madre Tierra y el Padre Cielo, además de la comunión de todos los miembros del pueblo entre sí.

 

Museo del Holocausto

 

                                                                  Tras visitar el lugar de nacimiento del precursor de Jesús, Juan el Bautista, para muchos encarnado como el profeta Elías en una vida anterior, la misma en que Paramahansa Yogananda considera que Jesús fue Eliseo, discípulo de dicho profeta, nos dirigimos hacia Yad Vashem, el principal lugar en el país que recuerda el holocausto de l@s judí@s durante la segunda guerra mundial por parte del ejército alemán, capitaneado por Hitler.  ElMuseo del Holocausto se encuentra en la Ciudad Nueva de Jerusalén y ocupa un amplio espacio. Es un amplio complejo de museos, monumentos, exposiciones al aire libre, archivos y bibliotecas. El Monumento a los Niños está excavado en una cueva y conmemora al millón y medio de niños que fallecieron durante el holocausto.

                                                                   El edificio principal es un gran bunker de granito de color gris, distribuido interiormente a modo de zig-zag, de tal manera que no pueden visitarse las distintas salas del museo en línea recta. Es necesario ir de izquierda a derecha para verlas, hallándose en el centro distintas hornacinas con objetos, libros, ropa y otros enseres de la época en que l@s judí@s fueron más perseguid@s que quizá nunca antes en su historia. En las distintas salas también hay pantallas de televisión donde se proyectan documentales y entrevistas a algun@s supervivientes. Al final del largo zig-zag de salas, hay un recinto con una gran cúpula central, rodeada de estanterías llenas de archivos. En la cúpula están las imágenes, los pasaportes y los datos de algunas de las personas fallecidas durante ese doloroso período de la historia humana y no sólo del pueblo judío. Esto fue lo que más me gustó de todo el museo y lo que me parece más aséptico para tod@s. Es una bonita manera de recordar a quienes vivieron y fueron víctimas de aquella barbarie que, con todo mi respeto, considero que ya tendríamos que aceptar, comprender y asimilar como un camino de evolución para tod@s, no el mejor camino, desde luego que no, pero pienso que no vamos a borrar lo sucedido recordándolo una y otra vez y alimentando el rencor y el resentimiento entre unos y otros.

                                                                   Todas las personas que se van durante una guerra, al igual que las que perecen en las catástrofes naturales, son almas que ya saben de antemano que van a pasar por esa experiencia, son almas que se han prestado voluntarias para que, con su acción, tod@s elevemos nuestra conciencia y nuestro respeto, nuestra comprensión y tolerancia mutuas, logrando cada vez un amor más incondicional y puro, cualidades que difícilmente vamos a desarrollar alimentando la falta de amor y el deseo de venganza. El alma es eterna y, por lo tanto, inmortal. Lo único que muere, que pasa a otro estado, es el cuerpo físico. Nada ni nadie puede destruir al alma, del mismo modo que nada ni nadie puede destruir al amor. Entiendo que los familiares de las víctimas quieran recordar a sus seres queridos fallecidos en tan dolorosas circunstancias, y también entiendo que dar gracias por haberse prestado a pasar por ellas en bien de la conciencia y la evolución de tod@s es el mejor homenaje que les podemos hacer, la mejor manera de honrarles y de recordar su presencia aquí. El dolor sólo crea más dolor, más resentimiento y más deseo de venganza. Y creo, sinceramente, y pido disculpas por si mis palabras pudieran ofender a alguien, que el pueblo judío, como tantos otros, tendría ya que trascender su dolor y dejar de alzar monumentos a la muerte que, en vez de alimentar y ensalzar la vida, en lo que centran la atención es en el sufrimiento y, como ya decía Buda, el sufrimiento es algo opcional y, por lo tanto, podemos prescindir de él si aprendemos del dolor y nos hacemos más compasivos, amantes y comprensivos con él. Sólo así, algún día, dejaremos de matarnos los unos a los otros, dejaremos de pensar que el enemigo está fuera y tiene que ser eliminado, para darnos cuenta que el único enemigo posible es el que anida en nuestro interior, manteniéndonos anclados en el pasado y sin permitirnos avanzar y crear una vida mejor, una vida que honre a nuestros antepasados y que los recuerde con alegría y amor por lo que hicieron, en vez de recordarlos como víctimas que nada podían hacer para cambiar su vida.

 

Belén: Basílica y Gruta de la Natividad

 

                                                                  Belén es una ciudad de Cisjordania, situada a unos 9 kilómetros al sur deJerusalén, y enclavada en los montes de Judea. Desde diciembre de 1995, se encuentra administrada por la Autoridad Palestina. La ciudad tiene gran significado religioso para los cristianos y musulmanes al ser el lugar de nacimiento deJesús de Nazaret, según los evangelios de Lucas y Mateo. Es también un importante lugar de peregrinación para losjudíos, que veneran la tumba de Raquel, situada a la entrada de la ciudad y para quienes la ciudad es el lugar de nacimiento y coronación del rey David.

                                                                  El gobierno de Israel ha rodeado la ciudad de murallas y pasos de control para evitar ataques terroristas, impidiendo el libre tránsito de los habitantes y limitando los intercambios comerciales. Esto ha provocado una gran disminución del turismo, una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad.

                                                                  La Basílica de la Natividad, en Belén, tiene 1700 años de antigüedad y, al parecer, es la más antigua del mundo. Fue hecha construir por Santa Elena (alrededor del 248 y el 328 después de Jesús), esposa del emperador romano Constancio I Cloro y madre de Constantino el Grande, también emperador de Roma, entre el 306 y el 337 de nuestra era y el primero en convertirse al cristianismo. Se cree que Santa Elena nació en Drepanum, más tarde llamada Helenópolis en su honor, en la antigua provincia romana de Bitinia. Cuando Constancio fue nombrado césar y sucesor al trono del Imperio romano, en el año 293, se divorció de ella porque no tenía origen patricio. A partir de ese momento, Santa Elena dedicó el resto de su vida a hacer peregrinajes religiosos,  visitando Jerusalén (al-Quds) hacia el año 325 de nuestra era, donde fundó la Iglesia del Santo Sepulcro y la Basílica de la Natividad. Según la tradición, fue Santa Elena quien descubrió la Vera (verdadera) Cruz en Palestina. Constantino el Grande fundó Constantinopla, la actual Estambul, capital del Imperio romano de Oriente hasta 1453.

                                                                   La tradición cristiana cuenta que la Basílica de la Natividad fue levantada sobre laGruta de la Natividad, el lugar donde se dice que nació Jesús, aunque no hay datos que certifiquen esto, ya que en la época en que nació Jesús, Belén ni siquiera existía. El templo está sostenido por numerosas columnas y decorado con madera de cedro del Líbano. También está presente en la decoración la malaquita, la piedra de Israel, de la que se dice que todos los males quita. La malaquita, en aquellos tiempos, provenía de las minas del rey Salomón.

                                                                   A la Gruta se accede a través de una empinada y estrecha escalera. Una vez abajo, nos encontramos dos pequeños espacios. En uno de ellos, el de la derecha,  se dice que tuvo lugar el alumbramiento de Jesús. Del otro, a la izquierda, se dice que está el pesebre donde fue colocado tras su nacimiento. En el lugar donde se dice que nació el Maestro, hay una piedra con una estrella de catorce puntas en el centro. Alrededor hay colgados varios incensarios y palmatorias para velas. Donde se dice que estaba el pesebre, también hay una piedra de mármol. En ambos lugares, los visitantes suelen poner sus manos y también objetos que quieran bendecir. El número de puntas de la estrella se asocia con varias cosas, como las catorce generaciones de Jesús, las catorce estaciones del Vía Crucis y el número de la maestría.

                                                                   Para entrar en la Basílica hay que pasar por la llamada Puerta de la Humildad. Es una puerta de muy poca altura y es necesario bajar la cabeza para poder pasar por ella. Este es el motivo de que se llame así, en alusión a la humildad que se ha de mostrar agachando la cabeza para entrar en el lugar en que, se dice, nació Jesús. También podemos ver en varios lugares de la Basílica la que ha sido llamada Cruz de Jerusalén. Es una cruz de brazos iguales, rodeada de una cruz más pequeña en cada una de sus esquinas, haciendo un total de cinco. Este número se relaciona con las cinco heridas de Jesús aunque, esotéricamente, su significado es otro.

                                                       No está muy clara la fecha de nacimiento de Jesús, que se sitúa entre los años 2 y 6 antes de la era cristiana, y en asociación con Herodes el Grande, que ordenó matar a todos los niños varones menores de dos años, para que no se cumpliera la profecía que había vaticinado que sería derrocado por el heredero al trono del Rey David. Además, como pasaron varios siglos hasta que se empezó a considerar quién era verdaderamente este hombre tan singular, no hay un registro exacto del momento de tal acontecimiento.

                                                       En aquella época, por la Pascua, las gentes iban a empadronarse para el censo y, por ese motivo, estaban José y María en lo que hoy es Belén, el día que nació Jesús, que desde luego no fue un 24 de Diciembre como la iglesia católica ha mantenido durante tantos siglos. Es posible que su nacimiento tuviera lugar en el mes de Mayo, a mediados, en el año -4. De ser esto cierto, su Sol natal estaría en Tauro, como el de Buda, un signo asociado esotéricamente en Astrología con la iluminación y, exotéricamente, con el Verbo hecho carne y habitando entre nosotr@s. El 24 de Diciembre, lo que se celebraban eran unas festividades paganas[1] relacionadas con el nacimiento del Sol, un hecho astronómico que se produce alrededor del 20 de Diciembre de cada año, cuando comienza el Solsticio de Invierno y la luz comienza a preponderar, aunque aún muy débilmente, sobre la oscuridad. La iglesia católica asoció esa festividad con el nacimiento de Jesús pero si tenemos en cuenta que sus padres, con motivo de la Pascua judía estaban en Belén para empadronarse, sabemos que esta festividad judía no se celebra en el mes de Diciembre, sino en el primer mes del año eclesiástico judío, alrededor del Equinoccio de Primavera, en el mes de Marzo del calendario gregoriano. La iglesia ortodoxa, por ejemplo, celebra la Navidad el siete de Enero, así que no hay acuerdo entre las tres religiones practicadas en esa Tierra Santa, lo que con frecuencia hace pensar en si verdaderamente cada un@ de sus feligreses practica en realidad lo que predica, ya que la separación y las diferencias continúan siendo, hoy en día, numerosas y encarnizadas.

                                                           

 Ciudad Antigua de Jerusalén

 

                                                                   Lo primero que nos encontramos al entrar en la Ciudad Antigua de Jerusalénpor la puerta de Jaffa, es la restaurada Ciudadela de David, una antigua fortaleza hoy convertida en el Museo de la Historia de Jerusalén. La Ciudad Antigua de Jerusalén es un lugar sagrado para los cristianos, porque consideran que fue allí donde Jesús de Nazaret, que visitó muchos lugares durante toda su vida, pasó sus últimos días. También es sagrada para los judíos, por ser para ellos el símbolo de su tierra natal y la capital del primer reino judío. Para los musulmanes, es sagrada porque consideran que desde ella el profeta Mahoma ascendió al cielo.

                                                                   Entre los monumentos más notables de la Ciudad Antigua, están la Basílica delSanto Sepulcro, el Muro Occidental Judío, también llamado Muro de los Lamentos, resto del gran templo construido por Herodes el Grande, rey de Judea; el Domo o Mezquita de la Roca, también conocida como la Mezquita de Omar, su constructor, o la Mezquita de al-Aqsa, levantada en el lugar donde los musulmanes creen que Mahoma ascendió al cielo, constituyendo por ello uno de los santuarios más sagrados del Islam; y la ciudadela, una estructura del siglo XIV construida en el lugar en que se hallaba la fortaleza de Herodes. En 1981, la UNESCO declaró la Ciudad Antigua de Jerusalén y sus murallas Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los lugares de mayor interés de la Ciudad Nueva son elMuseo Arqueológico, la Universidad Hebrea de Jerusalén (1918), los edificios del Parlamento Israelí, el Santuario del Libro y el Museo del Holocausto.

 

Basílica del Santo Sepulcro

 

                                                                  Según la tradición,  la Basílica del Santo Sepulcro fue erigida en el huerto de José de Arimatea, en el punto exacto donde Jesús fue sepultado después de la crucifixión, siendo desde entonces un lugar santo para los cristianos. El emperador Publio Elio Adriano construyó un templo dedicado a Venus en el mismo sitio, para borrar la memoria del acontecimiento. Aun así, el templo original se conservó hasta ser restaurado por el emperador Constantino I el Grande, hijo de Santa Elena. La basílica de Constantino, que servía de añadido a la iglesia circular del sepulcro, fue destruida en el año 614. Lo que quedó de ella, se arruinó aún más durante el seísmo de 1746. Los cristianos levantaron una nueva basílica, conservada hasta hoy. Debajo de ella está la cripta de santa Elena, un templo mucho más antiguo y donde, según la tradición, la madre del emperador Constantino encontró la cruz de Cristo. Al lado de la basílica nueva está la rotonda del Sepulcro, dividida en dos partes: una para la iglesia ortodoxa y otra para la católica. La que se dice fue la tumba de Jesús está en la segunda. La nueva iglesia también contiene el montículo del Gólgota  o del Calvario (gólgota significa calavera), en el punto donde se cree que crucificaron a Jesús, motivo por el que se consagró en 1149.

                                                                   Actualmente, según se entra en la basílica, lo primero que se ve es la lápida donde se dice fue colocado Jesús después de bajarle de la cruz, para que fuera embalsamado y preparado para su sepultura, unos metros más allá de ella y hacia la izquierda de la iglesia. A la derecha hay unas empinadas escaleras para subir al montículo del Gólgota, donde tuvo lugar la crucifixión. En la pared frontal de la entrada hay un mural de mosaico que reproduce esos tres momentos: el desprendimiento de la cruz, el embalsamamiento y el enterramiento. Estos tres espacios de la basílica son los más visitados y mucha gente se arrodilla ante la lápida para rezar o colocar cosas que quiera sean bendecidas. Además, podemos encontrar varias capillas para el culto. A esta basílica acuden tanto cristianos ortodoxos como católicos y armenios. La iglesia armenia es la que menor presencia tiene en el lugar: un templete pequeño en un lugar de paso.

 

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 Basílica del Santo Sepulcro

                                                                   Cuando visité la basílica con el grupo, no bajamos a la cripta, ni pasamos tampoco por las capillas. Este recorrido lo hice el domingo, que tenía el día entero libre. La cripta me impresionó mucho y sentí una fuerte energía dentro de ella. Las pinturas de sus paredes están bastante deterioradas y el lugar está prácticamente vacío, sin embargo, me sentí muy bien allí. Tengo que decir que tengo una predilección especial por las criptas, al igual que por los claustros, mucha más que por las iglesias o los templos en sí. Estos también me gustan mucho y me transmiten paz y bienestar sólo con entrar en ellos, pero las criptas, al estar construidas en terrenos mucho más profundos, me acercan más a la Tierra y a mi propio interior. Cada vez que bajo a una cripta, es como si hiciera una bajada a lo más hondo de mí misma, a ese lugar en el que está la parte más auténtica de mí, la más oculta, la más desconocida. Entrar en una cripta, después de haber visitado la parte visible de un templo o de una iglesia, es para mí como bajar y adentrarme en el inconsciente, llevando hacia dentro lo que he visto fuera, para que ahí sea interpretado, asimilado y archivado, dando así más luz a la oscuridad y llevándolo nuevamente al mundo visible, enriquecido y aumentado.

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 Vía Dolorosa o Vía Crucis

 

                                                                  En latín, Via Crucis significa “Camino de pesar”, “Camino de Pena” o “Camino de Dolor”. De acuerdo con la tradición que se remonta a Ricoldus de Montecrucis en 1288, la Vía Dolorosa es la ruta por la cual caminó Jesús desde la Sala de Sentencias de Pilatos, donde había sido condenado a muerte hasta el Gólgota, el lugar de su ejecución (ver Mateo 27:31-33; Marcos 15:20-22; Lucas 23:26-33, y Juan 19:16-17).

                                                                  En los siglos posteriores, surgieron las Estaciones de la Cruz, que supuestamente marcaba los puntos específicos en los que ocurrieron los acontecimientos de la última caminata de Jesús, incluyendo el lugar donde a Simón de Cirene se le hizo llevar la cruz, donde Verónica secó la cara de Jesús, y donde cayó por tercera vez.

                                                                  Finalmente, se establecieron catorce estaciones a lo largo de este recorrido. Siete se encuentran en el barrio musulmán de la ciudad, dos en el barrio cristiano, pero fuera de la Iglesia del Santo Sepulcro, y las cinco últimas están dentro de los muros de la Iglesia del Santo Sepulcro.

                                                                  Arqueólogos e historiadores han rechazado la posibilidad de que la ruta siga las huellas de Jesús. La mayoría coincide en que éste fue juzgado por Pilatos en el palacio de Herodes el Grande, situado en la parte occidental de la ciudad, y no en la fortaleza Antonia, que se encontraba en la parte oriental, el lugar donde se encuentra la primera Estación de la Cruz está ubicado en la Vía Dolorosa.

                                                                  Además, el camino original se encuentra muy por debajo del nivel actual de la Antigua Ciudad y estuvo ubicado en una parte diferente de ella. Sin embargo, muchos peregrinos siguen a pie el recorrido a lo largo de la Vía Dolorosa, para tener la oportunidad de contemplar el último camino recorrido por Jesús en la Tierra antes de su muerte.

                                                                  El Vía Crucis atraviesa el valle que separa dos colinas, la oriental y la occidental, sobre las cuales está construida la ciudad de Jerusalén, y consta de catorce estaciones, nueve de ellas concentradas en la Vía Dolorosa. Las últimas cinco están dentro de lo que hoy es la Iglesia del Santo Sepulcro, construida, según la tradición cristiana, en los lugares en que Jesús fue ungido y enterrado. Dentro de la actual iglesia,  está también incluido el Gólgota, el monte donde le clavaron en la cruz, la Piedra de la Unción, donde se limpió el cuerpo de Jesús, y elSepulcro, el centro principal de esta basílica.

                                                                  Éstas son las catorce estaciones del Vía Crucis que, además de estar relacionadas con el posible recorrido que Jesús hizo, desde el lugar en que fue condenado a muerte hasta el lugar de su crucifixión, tienen un contenido iniciático y esotérico muy importante, aludiendo a distintas fases del proceso de conversión en Maestro, ya que el número catorce es, precisamente, un número relacionado con este grado de evolución espiritual. En este sentido, serían catorce estaciones, escalones o pasos de transformación interior y crecimiento espiritual necesarios para alcanzar la Maestría, tras la cual sólo queda la muerte, es decir, la transmutación de la inteligencia, conciencia y energía de discípulo, en inteligencia, conciencia y energía de Maestro. Una vez muerto el estado anterior en la cruz de la materia, el cuerpo puede desprenderse de ella y ser depositado en el sepulcro de la tierra, porque el alma, al haber logrado ese estado de mayor conciencia e inteligencia y haberse convertido en pura luz, puede ascender al lugar del que partió y regresar a la Casa del Padre, al Reino del Espíritu, su verdadero origen.

  1. Jesús es condenado a muerte.
  2. Jesús es cargado con la cruz.
  3. Jesús cae por primera vez.
  4. Jesús encuentra a María, su madre.
  5. Simón el Cireneo ayuda a Jesús a cargar la cruz.
  6. La Verónica enjuga el rostro de Jesús, que queda marcado en el lienzo.
  7. Jesús cae por segunda vez.
  8. Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén.
  9. Jesús cae por tercera vez.
  10. Jesús es despojado de sus vestiduras.
  11. Jesús es clavado en la cruz.
  12. Jesús muere en la cruz.
  13. Jesús es bajado de la cruz.
  14. Jesús es puesto en el sepulcro.

 

Monte Sión

 

                                                                  Sión es otro nombre para referirse a Jerusalén. El Monte Sión está en la parte oriental de la antigua Jerusalén. Conocido como “la colina de Dios”, fue el centro político y cultural de los hebreos durante muchos siglos.  Aquí nos encontramos con la Tumba del Rey David, con el Cenáculo, donde la tradición dice que tuvo lugar la última cena de Jesús con sus seguidor@s antes de ser apresado, aunque es bastante improbable que la cena realmente se celebrara en este lugar, y con la Basílica de la Dormición, en cuya cripta está el lugar donde se dice que María, la madre de Jesús, se quedó dormida antes de ascender a los cielos, rodeada de los apóstoles que, desde distintos lugares del mundo, habían acudido a acompañarla en ese tránsito. Una cosa que me llamó la atención de la iglesia dedicada al último día de María en la Tierra, es el mosaico de un Zodíaco bastante grande que hay en el suelo. No se ve muy bien, porque está tapado por los bancos, así que hay que mirar con atención para encontrarlo.

 

Muro de los Lamentos

                                                                  El Muro de los Lamentos es, posiblemente, el lugar más importante para el pueblo judío. Sus paredes son el resto del templo construido por Herodes el Grande sobre las ruinas del templo deSalomón. Comprende el Muro Occidental, la sección principal del Muro, ubicado en el vecindario judío de la Ciudad Vieja, y el Pequeño Muro, extensión del Muro Occidental, ubicado en un vecindario árabe. Es el lugar de oración por excelencia para los judíos de distintas corrientes.

                                                                  El Templo al que pertenece el Muro fue construido en el lugar en el que, según la tradición judía, Abraham se aprestó a sacrificar a su hijo, Isaac. El Monte del Templo, donde en la actualidad están elDomo de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa, es considerado el lugar más sagrado, ya que en él se encontraba el Sancta Sanctorum, donde se alojaban las Tablas de la Ley, dadas por Dios a Moisés. A principios de la Edad Media, la zona al frente del Muro de los Lamentos fue usada como basurero, por eso, la Puerta cercana al Muro se llama “Puerta Dung”.  En el siglo XVI, el Sultán Suleiman II descubrió la ubicación del Muro e hizo limpiar la zona.

 

Rezos ante el Muro de los Lamentos

                                                                  Como es de esperar, el Muro está dividido en dos zonas: en la izquierda rezan los hombres y en la derecha las mujeres. En sus rendijas se depositan las plegarias que la gente que reza ante él quiere elevar a Dios, aunque no es el lugar más adecuado para ello, ya que no cuenta con la energía apropiada para que los rezos se eleven y cumplan su cometido. En el shabat no se pueden depositar plegarias en el Muro, sólo se puede rezar. Precisamente, mi primera visita a esta parte de Jerusalén fue en sábado, y eran muy numerosas las familias judías que allí estaban rezando o leyendo la Biblia, para celebrar su fiesta. Las fotografías están prohibidas en esta zona durante el shabat.

Mezquita del Domo de la Roca

                                                                   Desde el Monte de los Olivos y también desde la explanada del Muro de los Lamentos, se divisa la cúpula dorada de la Mezquita del Domo de la Roca. Calificada como el más bello edificio de la Antigua Jerusalén, la Cúpula de la Roca es el lugar santo de los musulmanes, quienes creen que fue construida sobre la roca desde la que Mahoma ascendió al cielo. Por su parte, los judíos creen que en este lugar Abraham preparó el sacrificio de su hijo Isaac.

                                                                   Es muy difícil acceder a este monumento, especialmente para las mujeres, ya que cada vez están más restringidas las visitas, incluso la puerta de acceso al lugar donde se encuentra está custodiada por soldados. Callejeando el domingo por el barrio árabe, de repente me encontré de frente con la puerta por la que los musulmanes entran al recinto del Domo. Lógicamente, un soldado me indicó que no podía pasar.

 

                                                                    Copyright María Sánchez-Villacañas de Toro (2014)

                                                              

                                                                                        Alcántara Psicología y Espiritualidad

 

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