Croacia Espectacular, Eslovenia y Bosnia Herzegovina (V)

MOSTAR

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                                                                   Mostar, una ciudad situada en el sur de la república de Bosnia-Herzegovina, es considerada tradicionalmente la ciudad más importante de Herzegovina. Está situada en una pintoresca región de los Alpes Dináricos, a orillas del río Neretva y a unos cuarenta kilómetros de la ciudad de Medjugorje donde, desde 1981, son numerosos los testimonios de apariciones de la Virgen María. La Madre María, como a mi parecer es más adecuado nombrar a esta figura de conciencia y vibración energética tan elevada, reúne de una manera diferente y nueva la mayor parte de las asociaciones, características y cualidades que desde hace miles de años, tal vez millones, se le atribuyeron a la Diosa, como representante de la parte femenina y receptiva de la energía y de la vida, en todas partes y en todas sus expresiones. Una de esas expresiones es, precisamente, la realidad física y material en la que nos encontramos ahora, mientras permanecemos de manera temporal en el plano humano y terrestre. De modo que, en este sentido, María no sólo representa lo Sagrado Femenino de la Divinidad sino también, como no podría ser de otro modo, lo Sagrado Femenino de lo terrenal, una madre dadora de vida y amor y, como consecuencia, de todo cuanto necesitamos su hij@s para vivir aquí, en perfecta unión y armonía con lo Sagrado Masculino, tanto de lo Divino como de lo terreno.

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                                                                  No es baladí que sea precisamente muy cerca de Mostar donde se están produciendo estas apariciones que, en mi opinión tienen mucho que ver con recuperar y honrar nuestra parte femenina y receptiva, tanto por parte de las mujeres como de los hombres. Sincera y profundamente creo que esta unión armoniosa de todos los opuestos, en todos los ámbitos y áreas de la vida, es una de las más importantes vías de solución de todos y cada uno de los problemas que en este momento experimentamos en el planeta Tierra. Por eso también considero imprescindible visitar esos lugares en los que el poder de lo Sagrado Femenino está manifestándose cada vez de manera más clara y abierta, independientemente de las atribuciones que la religión oficial otorgue a semejantes emplazamientos. La espiritualidad es una, porque la Divinidad de la que ésta surge es una y la misma para tod@s, y no reconoce ni avala credos ni dogmas. Si queremos recuperar y fortalecer el equilibrio entre los opuestos, hemos de dejar de verlos como contrarios, empezando a ponerlos en relación y encontrando un tercer polo más elevado, que contenga lo óptimo de cada uno de ellos.

                                                                  Antiguamente, Mostar era un centro industrial de tejidos, tabaco y alimentos procesados, así como de extracción de bauxita. Los numerosos combates librados durante la guerra de la antigua Yugoslavia dañaron Mostar seriamente y estos daños están todavía sin reparar en muchos de los edificios y lugares de la ciudad.

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                                                                  Anteriormente al 1991, Mostar estaba dividida casi a partes iguales en sectores católicos (croatas), musulmanes y ortodoxos (serbios), pero desde el conflicto armado, estos últimos abandonaron la ciudad. Los musulmanes viven en la devastada orilla oriental del río Neretva, mientras que los croatas habitan en la orilla occidental, menos deteriorada, separadas ambas comunidades por tropas de pacificación de la OTAN, fundamentalmente españolas. Históricamente, el monumento más famoso en Mostar fue el puente de piedra de 29,5 m de largo, que se extendía sobre el río Neretva y que fue construido por el arquitecto turco Mimar Hairedin en 1566. Las fuerzas bosnio-croatas volaron este puente en noviembre de 1993, destruyéndolo por completo. Posteriormente fue reconstruido, y en estas labores de reconstrucción, los soldados españoles destacados allí tuvieron un papel esencial.

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                                                                  Mostar, que recibe su nombre del famoso Puente Stari Most, que significa Puente Viejo, se fundó en el siglo XV y floreció durante los siguientes cuatro siglos bajo el Imperio otomano. En 1878, junto con el resto de Bosnia-Herzegovina, pasó a integrarse en el Imperio Austro-Húngaro. En 1918, se incorporó al nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que más tarde se convertiría en Yugoslavia. Después de que los serbo-bosnios, apoyados por el ejército yugoslavo, lanzaran una ofensiva frontal en el este de Bosnia-Herzegovina (abril 1992), la guerra llegó pronto a la región de Mostar. Tres meses más tarde, los bosnio-croatas proclamaron una república separada de Herzegovina (Herceg-Bosna), que comprendía la ciudad de Mostar, con la intención de anexionar esta región a la república de Croacia, en la cual Mostar fuera su capital y también la sede de su Parlamento. En la primavera de 1993, los croatas y los musulmanes, que hasta la fecha habían estado aliados contra los serbios, iniciaron una lucha entre ellos, siendo especialmente dura en esta ciudad y sus alrededores. A finales de año, los bosnio-croatas ya se habían apoderado de la ciudad.

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                                                                  En marzo de 1994, el Parlamento bosnio-croata de Mostar votó casi por unanimidad a favor de establecer una federación entre los croatas y los musulmanes de Bosnia. Este acuerdo puso fin a las luchas entre ambos grupos. En 1995, Mostar pasó a manos de la administración de la Unión Europea y Hans Koschnick fue nombrado administrador. Posteriormente, en la primavera de 1996, el español Carlos López Casado sustituyó en el cargo a Koschnick. La ciudad de Mostar sufrió graves daños a consecuencia de la guerra y su población también disminuyó considerablemente.

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                                                                  Esta pequeña ciudad me sorprendió muy gratamente. La verdad es que como no sigo los periódicos ni los telediarios, no tenía ni idea de lo bonita que es. Mostar es muy acogedora y se respira en ella un aire muy especial. No puedo explicar por qué, pero así lo sentí en las pocas horas que estuve en ella. El puente, su famoso puente, es precioso y en sus dos orillas la naturaleza, una vez más a lo largo de toda esta zona, es abundante y hermosa. El río Neretva, sobre el que está erigido el puente, está en el fondo de dos montañas. Una costumbre típica, especialmente favorecida por el turismo, es ver a jóvenes tirarse al agua en picado, desde el borde del puente, por un puñado de euros, dólares o cualquier otra moneda. La altura desde el puente al agua es de unos veinticinco metros y siempre hay algún curioso dispuesto a pagar por ver ese espectáculo que tan sólo dura unos segundos.

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                                                                  En Mostar puedes pasear por su mercadillo, en el que encontrarás cosas típicas del país, así como también de los países limítrofes. El casco antiguo está conservado como en sus orígenes y el suelo es de adoquines, muy resbaladizos por cierto, así que hay que andar despacio, especialmente porque algunas de sus calles son empinadas y es fácil resbalarse. El solado del puente también ha sido reconstruido con adoquines, que es como estaba en su estructura original y, salvo que lleves un calzado todoterreno, tendrás que agarrarte a la pared para no resbalarte.

                                                                  En Mostar hay una mezquita, bastante bien conservada, con una fuente central para las abluciones y un pequeño jardín, desde el que puedes divisar el puente y hacer bonitas fotografías, con las montañas y el río al fondo. También se conservan unos baños turcos, que ahora han sido remodelados y convertidos en una especie de centro cultural, donde se proyectan películas sobre la historia de la ciudad, pudiendo también ver en ellas cómo quedó tras la contienda de los Balcanes y cómo está ahora, después de haberse reconstruido en parte.

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María Sánchez-Villacañas de Toro
Guía de viajes sagrados
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora
Sanadora Espiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y Creadora de Oráculos
Vesica Piscis Tours
Alcántara Psicología y Espiritualidad:
Escuela para la Evolución del Alma
+34 627 12 09 47
vesica.piscis.tours@gmail.com
https://vesicapiscistours.wordpress.com
www.desarrolloycrecimiento.es
metamorfosisyvida2013@gmail.com
http://metamorfosisyvida.wordpress.com

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