La Mesa Redonda del Rey Arturo y sus Caballeros

                                                                 Una mesa, a menudo, representa la idea de un banquete, comida o celebración social, siendo también el centro alrededor del que varias personas se reúnen para un fin determinado, más allá del acto de comer. ¿Qué simboliza la Mesa Redonda? La Mesa Redonda no sólo es un centro espiritual, como cuando aparece sobre ella el Santo Cáliz, sino que también representa a un grupo selecto de caballeros al que se le encomienda cumplir una misión: la búsqueda del Santo Grial. Conforme cuentan la historia y la leyenda de distintas culturas, un grupo de doce caballeros solían sentarse alrededor de un disco de jade que representaba el cielo y en su parte central se colocaba una copa sagrada, un cáliz, el utensilio usado por Jesús en la Última Cena (banquete).

                                                                  Como sabemos, esa orden o hermandad formada por un grupo de caballeros fieles al Alto Rey Arturo, se comprometió a recuperar el Grial que se encontraba perdido u oculto en algún lugar de Inglaterra. Significativamente, para cumplir esa misión, los elegidos afrontaron una serie de pruebas (simbolismo iniciático), que les fueron explicadas por diferentes ermitaños que habitaban en lo más profundo del bosque. El desenlace de esta historia, llena de simbolismo y desprovista con frecuencia de lógica, trajo consigo durante la búsqueda del cáliz sagrado la muerte de algunos caballeros de la Mesa Redonda, además de la humillación de otros, precipitando así la desintegración del grupo.

                                                                  El simbolismo del número 12, como cifra representativa de los integrantes de este grupo (número que no incluye al rey Arturo, que sería el 13), más que como cantidad literal, ya que había muchos más, transmite varios significados desde diferentes perspectivas. En relación a los caballeros de la Mesa Redonda, podríamos decir que tiene una analogía muy clara con los doce primeros Apóstoles elegidos por el propio Jesús (después de estos doce eligió muchos más, hasta setenta, y como cabría esperar en alguien que vino a recordarnos que somos dios@s, también había muchas mujeres entre ellos). La Jerusalén Celeste del Apocalipsis (palabra esta última que significa revelación y no destrucción) tiene doce puertas, cada una de ellas marcada con el nombre de una de las tribus de Israel, que también son doce. La muralla de esta ciudad que, como Camelot, encarna los más excelsos y elevados valores e ideales humanos e igualmente espirituales y cósmicos, tiene doce bases con el nombre de los doce primeros apóstoles. En cuanto a su significado cosmológico, el doce es el producto de los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste, en los tres planos del mundo: celeste, terreno e infernal (no en el sentido que la religión católica ha dado a esta palabra, sino significando lo que está debajo de la superficie, en un plano más inferior y profundo). Estos tres planos del mundo corresponden a los tres niveles de la existencia, los tres planos del ser o los tres modos de la actividad espiritual. Hay doce días de retorno al caos en el solsticio de invierno, al igual que el universo, en su desarrollo cíclico espacio-temporal tiene doce meses en cada año, doce horas de día (luz) y doce horas de noche (oscuridad). En nuestro sistema solar (que no es completamente redondo pero sí tiene forma de elipse) hay doce planetas (el décimo segundo planeta aún está por descubrir) girando alrededor de una estrella luminosa y fuente de calor: el Sol.

MESA REDONDA WINCHESTER

                                                                  En la Rueda Astrológica, una representación gráfica también redonda, que recoge la posición y el movimiento de los planetas en distintas constelaciones a lo largo del año y de las cuatro estaciones, podemos observar cómo, alrededor de un núcleo central vacío (el ser esencial) se distribuyen doce signos y doce sectores o casas, colocándose los planetas en ellos de una determinada manera según el día, la hora y el lugar de nacimiento de las personas. Es decir, que en un sentido astrológico, el cielo se divide, como una cúpula, en doce sectores o partes: los doce signos del Zodíaco, por los que transitan los planetas en su órbita alrededor del Sol. Según la ciencia que se encarga de estudiar los distintos rayos de fuego cósmico y su influencia en el origen, la creación y el mantenimiento de la vida, hay doce rayos primordiales que parten de un núcleo central: el Logos Planetario, que sería el factor trece, el elemento doce más uno, en el sentido de que es ese décimotercer elemento el que aglutina y da sentido y origen a los otros doce.

                                                                  El número 12 (que por reducción mística se convierte en 3: el catalizador, y en 21: El Mundo, si alteramos el orden de sus cifras), se refiere desde los tiempos más remotos a la idea de un orden cósmico que, espacialmente, representa una forma circular: la “rueda de la vida”, expresión clara de un proceso completo en su doble dirección o sentido, que nunca cesa y que no tiene principio ni tendrá, por lo tanto, final. La figura del Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, es una clara imagen para ilustrar este proceso doble y representar esos dos períodos, opuestos y complementarios a la vez. En cuanto a su forma de 3 x 4, el número 12 indica la unión del orden espiritual y el orden temporal, de lo esotérico con lo exotérico. Y podríamos seguir agregando más información sobre el número 12, pero no es éste el momento ni el lugar adecuado para ello. En el Tarot, el Arcano Mayor décimo segundo es El Colgado que, boca abajo y pendiendo de un madero, se desprende divertidamente de cuanto posee, compartiendo su sabiduría y su riqueza con tod@s, recordándonos también que la Vida, el Amor y la Luz bajan sin cesar a la materia procedentes del Espíritu: la Fuente Inagotable de Todo.

MESA REDONDA WINCHESTER 2

                                                                  En sentido geométrico, la Mesa Redonda tiene una estrecha vinculación simbólica con el círculo, relacionado con el cielo, la perfección, la totalidad, la integridad y el centro cósmico. La mesa, cuando tiene forma redonda, no representa una figura lineal, ya que su borde, convertido en curva, hace que el centro esté a igual distancia de todos los puntos de la circunferencia. En este sentido, resulta obvio que la mesa redonda del rey Arturo, sin cabecera ni fondo, tuviera la intención de reunir a todos los caballeros alrededor de ella, no sólo para simbolizar la igualdad de todos los lugares y señalar que no había sitios preferentes dentro del grupo, sino también para reconocer que cada uno de los asientos proyectaban la atención hacia un mismo punto central: el Santo Grial. Como consecuencia, la expresión “ninguno es el último” quiere decir que todos los lugares son igualmente importantes. Más aún, el rey Arturo dejaba que sus camaradas se sentaran aleatoriamente en cualquier lugar de la mesa, para que los caballeros no supieran dónde tomaría él asiento cada vez que se reunían. Respecto al significado del “asiento peligroso” para el número trece, que contiene, a mi entender, un punto de vista propio del dogma católico, era un lugar reservado para un caballero de corazón valeroso y completamente sincero.

                                                                  Siendo verdad que todos los integrantes de cualquier mesa redonda suelen poner la atención en la parte central del círculo, este punto corresponde a un determinado objetivo. Sin embargo, como todos los lugares se contrastan con su opuesto, también pueden surgir desacuerdos, discusiones, desavenencias o protestas respecto a ese objetivo común, lo que nos recuerda la dualidad. Cuando en un grupo hay los mismos intereses e ideales o una misión común, es de esperar la ausencia entre sus integrantes de deslealtades, humillaciones, envidias y protestas, aunque esto bien depende de la actitud, la disposición, los intereses y la intención de cada una de las personas ante el objetivo. Cuando en un grupo se escuchan los mensajes de l@s participantes, cuando existe un verdadero respeto entre ell@s o cuando se mantiene una leal amistad y camaradería entre tod@s, el resultado de reunirse en una mesa implica que sus miembros no se sienten desamparados y la esperanza se robustece cuando otros la han perdido. En cambio, cuando en un grupo hay descalificaciones, cuando las creencias de un@s difieren de las de otr@s en cuanto a la verdadera interpretación o realización del objetivo común o cuando persisten las ideas obstinadas o una conducta soberbia, éstas son causas típicas que impiden el mantenimiento de la unidad.

INDALO

                                                                  Por último, y partiendo de la idea de que la mesa redonda del rey Arturo representaba la sincera y leal camaradería en la que podemos vernos reflejad@s l@s participantes de cualquier mesa redonda de todos los tiempos y lugares, cabe agregar, en sentido simbólico, que la unión de un grupo en busca de la más elevada espiritualidad y unidad con todo cuanto existe, representa una verdadera mesa mística que supone y requiere una transformación interior, una profunda alquimia del ser, un trabajo continuo de cada un@ de sus integrantes, día a día y minuto a minuto, para que cada vez brille más el espíritu eterno que en esencia son y, como consecuencia, su ser humano y su existencia material y terrena sea un fiel reflejo de esa esencia, en lugar de ser sólo un reflejo de la efímera personalidad terrestre, como lo era antes de realizar ese proceso alquímico que da lugar a la existencia de un nuevo ser humano, un ser humano amante, despierto y consciente, un ser humano que se convierte entonces en un puente del arco iris entre la materia y el espíritu, un ser humano que también llega a ser un indalo, es decir, alguien que, reuniendo las energías procedentes de lo superior y colocarlas sobre su cabeza para que le inspiren y guíen en su camino, es capaz gracias a ello de trabajar con la materia de una manera diferente, imbuyéndola de espíritu y haciendo que éste resplandezca en ella, mostrando también con su ser su procedencia galáctica y cósmica, de donde llegó hace millones de años para establecerse en el planeta Tierra y manifestar su divinidad en ella.

                                                                  Namasté.

 

María Sánchez-Villacañas de Toro

 Vesica Piscis Tours

Guía de viajes para el deleite del alma
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora
Sanadora Espiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos

https://vesicapiscistours.wordpress.com
+34 627 12 09 47
vesica.piscis.tours@gmail.com

© María Sánchez-Villacañas de Toro (2016) Todos los derechos reservados

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