El Caldero de Annwn

 

                                                                  A pesar de la impresionante ascensión de Arturo, en sus primeros días sentía rivalidad con un antiguo y legendario rey de la Isla de los Poderosos: Bran el Bendito. Bran había regalado el Caldero Mágico del Renacimiento a los irlandeses. Se creía que si los cuerpos de los soldados caídos se ponían dentro del caldero, recuperaban la vida, aunque no el habla. Bran llegó a arrepentirse de su generosidad, porque su regalo produjo grandes penurias a su pueblo en las batallas subsiguientes.

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                                                                  El joven e impulsivo Arturo, decidió que la mejor manera de eclipsar las proezas del muy querido Bran sería ganar el misterioso Caldero de Annwn para el pueblo de Bretaña. Se sabía que este caldero sobrenatural era fuente de inspiración poética y de conocimientos proféticos. Como caldero de la abundancia, también alimentaba al pueblo, pero no daba de comer a los cobardes.

                                                                  La búsqueda del caldero mágico es uno de los temas preferidos de los mitos celtas. The Book of Taliesin contiene un poema que cuenta precisamente la búsqueda del caldero de Annwn, conocido como “Los despojos de Annwfn”. Teniendo en cuenta las similitudes entre las dos historias, algunos estudiosos consideran que ésta fue el modelo seguido posteriormente en la búsqueda del Santo Grial.

                                                                  Tres naves llevaron a Arturo y a su grupo desde las orillas de Bretaña hasta el País de las Hadas y su tesoro. Uno de los acompañantes de Arturo era Taliesin, un bardo reticente a esa incursión. Habiendo tenido trato con los antiguos en el pasado, Taliesin era muy consciente de los peligros que entrañaba adentrarse en el País del Crepúsculo. Además de no haber sido invitados, planeaban batallar y conquistar las posesiones de los elfos. Un viaje así sin duda traería mucha miseria y desesperación. Taliesin avisó que ninguna aventura podía estar más repleta de peligros que esa, a pesar de lo cual Arturo y sus caballeros habían seguido presionando a Taliesin para que les acompañara, accediendo finalmente a hacerlo.

                                                                  Los mares les arrastraron a la tierra que tenían como destino, donde había islas no cartografiadas que apenas se vislumbraban a la suave luz del crepúsculo. La compañía vadeó las islas, pasando siete fortalezas antes de llegar al castillo giratorio de cristal donde se hallaba el caldero. Allí, los eternamente jóvenes, mezclaban su vino espumoso y esperaban a los atrevidos mortales. A través del relato de Taliesin, es difícil entender plenamente la batalla y los sucesos que se desarrollaron a continuación, ya que se parece mucho a la tierra misteriosa en la que ocurrieron, apenas iluminada por el crepúsculo y celosa guardiana de sus muchos secretos.

                                                                  Lo cierto es que la batalla fue más espantosa de lo que pueden relatar las palabras. Fue la primera y la única vez que el ejército del rey luchó contra los elfos. Arturo alcanzó finalmente el caldero de Annwn, que aparece descrito en la narración como de color azul oscuro con un borde de perlas. Su fuego era avivado por el aliento de nueve doncellas y un manantial fluía debajo de él. Una versión posterior afirma que cuando Arturo agarró el caldero, se dio cuenta de que no podía moverlo ni tampoco soltarlo. Las hadas le atraparon entonces y le introdujeron en la Prisión de Extraño-Muy Extraño, una estructura completamente construida con huesos de mortales y con innumerables células pequeñas insertadas en sus paredes. Nadie podía escapar de aquel laberinto. La prisión retenía a otros tres hombres de sangre real: tres reyes que habían ofendido a las hadas y ahora estaban condenados, como sus países, a sufrir por toda la eternidad. Arturo padeció allí durante tres días y tres noches, siempre en profunda agonía, con su mente congelada por el poder de los elfos. Fueron Llwch Lleminawe y Bedivere quienes rescataron al soberano, rompiendo el techo y regresando con él junto a Taliesin.

                                                                  A pesar de estar de vuelta con sus hombres, Arturo no habló durante todo un día y una noche, y después se limitó a llorar. Aunque habían conseguido robar el caldero, no se podía decir que hubieran alcanzado una victoria, porque sólo regresaron siete hombres de los tres barcos que se habían hecho a la mar. El rey acabó recuperando el tino y, a partir de entonces, prohibió a todos hablar de la invasión de Annwn.

                                                                  Namasté.

María Sánchez-Villacañas de Toro

 Vesica Piscis Tours

Guía de viajes para el deleite del alma
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora
Sanadora Espiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos

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+34 627 12 09 47
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© María Sánchez-Villacañas de Toro (2016) Todos los derechos reservados

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