El Cáliz y el Santo Grial

 

                                                                  Si pensamos que el Santo Grial es únicamente un objeto material que se está buscando desde hace siglos, perdemos toda esperanza de iluminación. Aunque quizá no comprendamos todavía sus misterios, si pensamos que el Grial es un símbolo sacrosanto de la divina presencia entre nosotr@s de Dios/Diosa/Todo Lo Que Siempr Es, de la Fuente Creadora, de Gran Espíritu, del Tao…, su búsqueda puede comenzar. Podemos considerar la naturaleza en su totalidad como una manifestación del Grial y de su agua omnipotente. A juzgar por la respuesta interna e íntima que evocan, seguramente la música y el arte son, por ejemplo, dos de los dones del Santo Grial: una vislumbre de la vibración, la armonía, la gracia, la belleza y la unidad que se esconde más allá de nuestra realidad material, aparentemente separada y distinta de la verdadera realidad: la realidad del espíritu y de la vida espiritual, la realidad del elevado conocimiento místico que sólo puede ser obtenido y apreciado por nuestro yo emocional e intuitivo, ese conocimiento que nos coloca en igualdad de condiciones con nuestro Creador Madre y Padre y que permite, por lo tanto, que también nosotr@s seamos l@s creador@s, de hecho siempre lo somos, de nuestra propia vida, participando asimismo en la creación de cuanto nos rodea.

caliz

                                                                  Aunque los caballeros que buscaban el Grial recorrían largas distancias físicas, la verdadera búsqueda, como la de cualquier otro tesoro, es siempre de naturaleza interna y el viaje, más que con superar los obstáculos de los caminos y las encrucijadas tiene que ver, sobre todo, con la superación de nuestros propios y autoimpuestos límites, con la erradicación de nuestros miedos y con el desarrollo permanente de nuestras capacidades, habilidades y dones durante la aventura de la vida, tomando siempre como base el amor por todo cuanto existe, empezando por un@ mism@. Hay quien dice que el viaje es el arte del encuentro y, sobre todo, del encuentro con un@ mism@, un criterio con el que estoy plenamente de acuerdo. Las aventuras caballerescas eran los catalizadores que templaban, tensaban y aceleraban el desarrollo de los caballeros andantes, hasta que lograban superar las limitaciones de su pensamiento y permitían que la luz del corazón fluyera en su interior y saliera después para expandirse por doquier. En esa expansión y disolución temporal del yo, para integrarlo en un todo mayor, nos vemos inmersos en el espíritu del Grial, bebiendo, absorbiendo, hidratándonos, purificándonos…, si bien no necesariamente entendiendo sus misterios. Ésta es la experiencia mística definitiva buscada por los caballeros y por numerosas almas de todos los tiempos, una búsqueda que continúa en nuestros días y que continuará hasta que alcancemos la unión deseada con la Totalidad.

                                                                  El Grial se presenta bajo distintos disfraces simbólicos, entre los que están el cáliz, la copa, el caldero, el cuenco, la taza…, recipientes todos ellos capaces de contener no únicamente sólidos sino también líquidos. En las leyendas celtas abundan los calderos mágicos y sobrenaturales, cuyos atributos son muy parecidos, cuando no idénticos, a los del Grial. Se dice que algunos de ellos tenían el poder de devolver la vida tras la muerte y de alimentar a comunidades enteras. El motivo del caldero de la abundancia sobrevive en la versión cristianizada de la leyenda artúrica, en la que el Grial aparece como la vasija o la copa que alimenta a toda la Hermandad de la Mesa Redonda. La similitud de atributos ha llevado a creer que nuestra concepción del Grial es una mezcla del caldero pagano de los celtas y del cáliz cristiano de la última cena de Jesús con sus discípulos, del que todos bebieron y en el que después se recogió la sangre del Maestro. Generalmente, el Grial suele representarse como un cáliz de oro, bellamente labrado y lleno de perlas y otras piedras preciosas. Simbólicamente es considerado como un signo de abundancia, felicidad, alimento, protección, vida nueva y realizada, alegría, satisfacción, usar nuestras capacidades para una causa noble, inspiración divina, buena voluntad, fertilidad, productividad, seguir una llamada superior, receptividad de las energías espirituales y cósmicas de luz, sanación, sabiduría, paz.…

                                                                  El Santo Grial, si bien es un elemento fundamental del ciclo arturiano, no está sólo relacionado con él, ya que también está presente en determinadas creencias religiosas cuya identidad cristiana resulta evidente, aunque también es un símbolo importante en otras tradiciones espirituales. Al fin y al cabo, la espiritualidad, como la energía, sólo es una, difractándose, como la luz, en múltiples creencias, ritos y cultos. El tema del Grial tiene una trascendencia universal en la literatura, donde se resalta su carácter épico y mágico, así como también una tradición simbólica esotérica reservada al ámbito de lo sagrado. Esto último se basa en el hecho de que la copa que contuvo la sangre de Jesús de Nazaret (bebida de inmortalidad), conocida como el Cáliz de la Última Cena, quedó convertida en el Santo Grial en el momento en que fueron depositados en ella sus restos sanguíneos tras su muerte física. A partir del momento en que José de Arimatea (acompañado por vari@s seguidor@s del Maestro, entre quienes se encontraban María y María Magdalena) partió de Jerusalén con esta reliquia, que según diferentes historias tuvo distintos destinos, se consideró como perdido, oculto u olvidado.

                                                                  Como vimos anteriormente, la leyenda refiere, a muy grandes rasgos, que José de Arimatea, tío de María, la madre de Jesús, se hizo cargo del cuerpo de su sobrino y conservó el cáliz que éste utilizó durante la Última Cena con sus discípulos, recogiendo en él la sangre de sus heridas y enterrando el cuerpo en un sepulcro de su propiedad. Cuando Jesús resucitó y desapareció por tanto el cuerpo de la tumba, recayó sobre José de Arimatea la acusación de haberlo sustraído, siendo encarcelado por ello. En la prisión se le apareció Dios para reconfortarlo y confiarle la custodia del cáliz, además de revelarle el misterio de la misa y, específicamente, de la eucaristía. Hacia el año 70 quedó en libertad y se fue al exilio con otr@s seguidor@s de Cristo.

                                                                  José construyó entonces una mesa, llamada “Primera Mesa del Grial”, alrededor de la cual tomaban asiento doce personas para participar de la celebración eucarística. El puesto de Jesús permanecía respetuosamente vacío y, como símbolo de su presencia, se colocaba en él un pez. El puesto décimo tercero representaba el lugar ocupado por Judas, considerado como un sitio peligroso y que por ello nadie osaba ocupar. Más tarde, José se embarcó con destino a Gran Bretaña, donde fundó la primera iglesia cristiana de la isla, edificada en Glastonbury y consagrada a María, la madre de Jesús. El Grial se conservó bajo custodia en ese templo y fue utilizado para celebrar la misa. En otras versiones, José de Arimatea no abandona el continente y confía el santo cáliz a Bron, identificado como el “Rey Pescador”. Este grupo se estableció en Avalon, esperando la llegada del tercer custodio del Grial, que sería Alain.

                                                                  Se construye luego un templo-fortaleza para albergar el cáliz en Montsalvat (al sur de Francia, en la región de Languedoc-Rosellón) y es fundada la Orden de Caballeros del Grial (o del Temple), quienes constituyen la “Segunda Mesa del Grial”. Tiempo después, el custodio recibe una misteriosa herida de lanza, que se atribuye a diversas causas: pérdida de fe, amor de una mujer o ataque de un enemigo. A partir de ese momento se denomina al custodio “Rey Herido” y la región que rodea a la fortaleza se convierte en una tierra desolada, yerma, comenzando así una época de decadencia. Es entonces cuando aparece el mago Merlín, también astrólogo y alquimista, estableciendo la “Tercera Mesa del Grial”, hermandad encabezada por el rey Arturo y los doce caballeros más leales y honestos de su corte. Esta tercera mesa daría nombre a este grupo, conocidos por tod@s como los Caballeros de la Mesa Redonda. Sin embargo, falta algo muy importante en todo esto: el Grial mismo, perdido u oculto en algún lugar. El día de Pentecostés, reunidos estos trece hombres de buena voluntad alrededor de la mesa, como Jesús y sus discípulos habían hecho el día de la Última Cena, presencian asombrados la aparición del Santo Cáliz, flotando en el aire e iluminado por un rayo, pero cubierto con un velo. Al parecer, los caballeros, prendados de su valor, se comprometen a buscar el Grial y recuperarlo, partiendo entonces en su búsqueda y abandonando el círculo que los había mantenido unidos.

                                                                  El desenlace de esta historia, repleta de símbolos iniciáticos y esotéricos, con frecuencia desprovista de lógica, refiere que los tres caballeros elegidos: Galahad, Perceval y Bors, emprenden un viaje (peregrinación) a la Ciudad Celestial de Oriente: Jerusalén, donde toman parte en una misa. En ella, el Grial sufre tres transformaciones. En la primera aparece convertido en Cristo oficiando como sacerdote, en la segunda como un Niño resplandeciente y en la tercera como Jesús crucificado. La leyenda se sitúa en parajes míticos, cuando el rastro de la reliquia no puede seguirse de una manera objetiva. Sin embargo, de acuerdo con la numerología, tan reiteradamente presente en el misterio del Grial, en todas las tradiciones religiosas y mitológicas, además de en todo lo relacionado con Avalon, sólo tres de los doce caballeros de la mesa redonda del Alto Rey Arturo tuvieron acceso a los misterios del sagrado cáliz: Perceval, Galahad y Bors, quienes representan tres vías o caminos correspondientes a tres estados o niveles del ser. Galahad encarna al caballero impecable, sin tacha, que se conduce por la vía de la pureza espiritual. Perceval es el hombre sencillo y en cierta manera torpe, que se conduce por y simboliza el camino del corazón. Bors, en cambio, es aquel que sigue la senda de la razón. Esto quiere decir que el significado de la búsqueda del Santo Grial es diferente para cada uno de estos tres caballeros, igual que lo será para cada un@ de nosotr@s.

                                                                  La pérdida del Santo Grial simboliza, sobre todo, la pérdida del estado primordial, con toda la sabiduría que ese estado implica, la separación de la Fuente de la que todo mana y que calma cualquier tipo de sed, especialmente la sed del espíritu, que añora regresar a la Fuente y terminar con la separación volviendo a la Unidad, primero interna, después con cuanto nos rodea y, finalmente, con la Vida en todas partes. Sin embargo, no es una pérdida definitiva sino, más bien, un ocultamiento. El depósito de la tradición sagrada, mágica y sabia, puede permanecer escondido, inaccesible para la masa humana, pero no para l@s que eligieron recuperarlo y se comprometieron para ello a superar una serie de pruebas. Esto último nos dice, una vez más, que buscar el Grial no es un viaje exterior sino una peregrinación interior, un camino iniciático que tod@s sin excepción podemos seguir, porque tod@s podemos desapegarnos de la masa y elegir hacer esa inmersión en lo más profundo de nuestro ser. Los caballeros del Grial lo dirían así: “Si en aquel centro del laberinto encuentras esa gran copa, sostenla y verás que desborda agua y luz. Luego bebe de ella para adquirir sabiduría, fuerza, alegría, amor… y ofrécela eternamente a tod@s quienes se sientan fatigad@s tras recorrer el camino de su búsqueda interior, para que recuperen sus fuerzas y continúen, siempre, recorriéndolo y acompañando a cuant@s quieran emprender, en cualquier momento, ese viaje.”

        Namasté.

María Sánchez-Villacañas de Toro

 Vesica Piscis Tours

Guía de viajes para el deleite del alma
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora
Sanadora Espiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos

https://vesicapiscistours.wordpress.com
+34 627 12 09 47
vesica.piscis.tours@gmail.com

© María Sánchez-Villacañas de Toro (2016) Todos los derechos reservados

                                                          

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