El Círculo-Cruz

 

                                                                  El círculo-cruz, la cruz solar o la cruz inscrita en un círculo es, seguramente, uno de los símbolos más antiguos que existen. En su origen, representaba al Sol y a la naturaleza cíclica recurrente de las estaciones. Aparece en el arte asiático, americano, europeo e indio desde los albores de la historia, simbolizando la combinación de un elemento femenino y receptivo: el círculo con uno masculino y activo: la cruz, formando así una imagen de unión sexual y de fecundidad. La cruz, como el cuadrado, ha estado siempre asociada con los cuatro elementos naturales: fuego, aire, agua y tierra; los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste; los cuatro vientos: Notus, Euro, Céfiro y Bóreas; los cuatro momentos del flujo del tiempo: nacimiento, vida, muerte y renacimiento, etc.

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Cruz Solar de Estonia (www.tatuantes.com)

                                                                  Como principio arquetípico, la cruz de cuatro brazos iguales representa también el eje del mundo: Axis Mundi, el gran mástil alrededor del cual giran las doce constelaciones que forman el Zodíaco. Como centro místico del Cosmos, la cruz se convirtió en un vehículo a través del cual los seres humanos podían comunicarse con y acceder a los reinos divinos. La cruz es, a su vez, una combinación de dos partes diferentes que simbolizan la naturaleza dual de los intereses humanos: la unión perfecta y sagrada del mundo físico y del espiritual, de las energías activas y de las receptivas. El eje vertical de la cruz, una escalera simbólica, representa el impulso espiritual para alcanzar lo divino y eterno, mientras que el brazo horizontal representa las dificultades y los intereses mundanos o temporales.

                                                                  La cruz de brazos iguales o cruz griega (cuatro elementos, cuatro puntos cardinales, cuatro vientos…), que en realidad procede de Mu, desde donde llegó posteriormente a la Atlántida, representa un cruce energético dador de vida, un equilibrio entre la verticalidad: el espíritu y la horizontalidad: la materia. La cruz nos habla de potencia, de energía, nos recuerda a la virgen negra: la materia prima que, al recibir un rayo de luz en su centro hace nacer la vida. Y por todo esto no es un símbolo de muerte, como durante tantos siglos se transmitió, sino todo lo contrario: un símbolo de vida, de positividad y de protección.

                                                                  El círculo, en cambio, se asocia con los ciclos de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, la eternidad de la vida y su constante devenir, siendo el centro, allí donde el tiempo se para, el punto de entrada al otro lado, a lo desconocido. En la cultura celta, nos encontramos con el círculo-cruz en la cruz celta, que actualmente se representa como una cruz sobre un círculo y que tiene sus raíces en la era pagana, es decir, en la era en la que las gentes estaban estrechamente sincronizadas y relacionadas con la naturaleza, remontándose hasta el año 500 antes de Jesús. Aunque se desconocen sus orígenes exactos, pudo ser un antiguo símbolo de Taranis, el dios celta del sol. En los períodos más antiguos, la cruz se dibujaba completamente dentro del círculo y carecía de decoración. Posteriormente, la cruz fue haciéndose más grande, sus brazos se alargaron y tanto ella misma como el círculo se cubrieron de elaborados elementos decorativos, entre los que se incluían nudos, espirales y dibujos de llaves. Cuando los celtas dejaron sus tradiciones y se convirtieron al cristianismo, la cruz celta pasó a ser el emblema de la iglesia cristiana. A partir de entonces, la cruz simbolizó la crucifixión y el sufrimiento, mientras el círculo representaba la resurrección de Jesús y la vida eterna.

                                                                  En el trabajo cabalístico práctico, por ejemplo, el círculo-cruz es el símbolo fundamental del Templo, entendiendo éste como un espacio sagrado en el que realizamos tareas y actividades diferentes a las de la vida ordinaria, como por ejemplo meditar, rezar, sanar, conectar con energías de luz para recibir inspiración u orientación y otros cometidos relacionados con el crecimiento anímico.

                                                                  Los cuatro puntos cardinales relacionados con el círculo-cruz e implícitos en él marcan un orden, que debemos seguir siempre que trazamos este símbolo para preparar nuestro espacio sagrado, nuestro templo personal. Ese orden comienza por el Este, el lugar por el que sale el Sol. Distintas tradiciones y costumbres continúan el trazado girando desde esta posición hacia la izquierda, para llegar al Norte, luego al Oeste y por último al Sur, siguiendo el movimiento opuesto a las manecillas del reloj, mientras que otras lo hacen en la dirección opuesta: Este-Sur-Oeste y Norte, siguiendo el movimiento del reloj.

                                                                  Namasté.

María Sánchez-Villacañas de Toro

Guía de viajes sagrados y conscientes
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora. Escritora
Sanadora Psicoespiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos

VESICA PISCIS TOURS
Viajes Sagrados y Conscientes

+34 627 12 09 47
https://vesicapiscistours.wordpress.com
vesica.piscis.tours@gmail.com

© María Sánchez-Villacañas de Toro (12-01-2017) Todos los derechos reservados

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