Mi Primer viaje a Egipto, Tierra de Faraones/as y de Neteru (IV)

En este mismo apartado hay otros artículos dedicados al recorrido que realicé durante mi primer viaje a Egipto, del 26 de Noviembre al 3 de Diciembre de 2016. En éste hablaré de las visitas de otros dos lugares muy importantes de las tierras bañadas por el Nilo. Se trata de los templos de Edfú y de Kom Ombo, que llevan los nombres de las ciudades en la que fueron construidos.

 

Miércoles, 30 de Noviembre de 2016

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                                                                  Esta jornada, como todas, comenzó muy temprano, tanto que, nuevamente, pude disfrutar de otro maravilloso amanecer en las tierras egipcias. El barco había atracado en la ciudad de Edfú la noche anterior, en la orilla occidental del Nilo. A la salida del Puerto nos esperaban las calesas que nos trasladarían al templo, atravesando el centro de la ciudad.  El Templo de Edfú está dedicado al dios con cabeza de halcón Horus, hijo de Isis y de Osiris, aunque no fue conocido por su padre, que había sido asesinado por su hermano Seth y que Isis sólo pudo resucitar para una última noche de amor en la que sería engendrado su único hijo en común. La tradición dice que aquí fue donde Isis, que no encontró el  falo de Osiris, fabricó uno con el limo del Nilo, gracias a sus poderes mágicos y a todos los conocimientos que había adquirido de su maestro, el gran dios Thot. También está dedicada esta construcción a Hathor, la diosa con cabeza de vaca, una diosa con muchas cualidades y atributos, entre los que se encuentran la belleza, la prosperidad, el amor, la fiesta, la sexualidad y la fertilidad. En este templo hay muchos jeroglíficos que, según el egiptólogo que nos acompañaba como guía, hacen referencia a la forma en que Isis reconstruyó el cuerpo de Osiris, así como también a los conocimientos de medicina y cirugía que el pueblo egipcio de la época Antigua conocía muy bien.  De todos los templos egipcios, es el mejor conservado. Su construcción se inició en el año 237 antes de Jesús.

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                                                                  La representación de la Trinidad es algo muy común e importante en los templos egipcios, y en muchas de las esculturas que se realizaron durante todas las épocas de la historia de este país. En el caso de las esculturas, la Trinidad incluye tres imágenes: una en el centro: el faraón, otra a su derecha: un/a de l@s principales dios@s egipci@s y otra a su izquierda: un/a dios/a local. Esta trilogía mostraba que el faraón no sólo reinaba y tenia poder sobre todos los territorios egipcios, sino que también era bendecido, guiado y protegido en su labor por todas las deidades, mayores y menores. Otro dato de gran importancia es que, en el Antiguo Egipto, como en tantos otros lugares de la Tierra hasta que la iglesia de Roma logró imponer sus reglas, no se veneraba a una sola deidad, sino que se tenían en cuenta los tres aspectos de lo Divino: Madre, Padre e Hija/Hijo, rindiendo así culto tanto a divinidades masculinas como femeninas.  La Trinidad egipcia por excelencia, que permanence oculta en la Santísima Trinidad de la iglesia católica, es la formada por Isis: la Gran Madre de Todo Lo Creado; Osiris: el Gran Padre de Todo Lo Que Es y Horus: el/la Hijo/Hija Divin@ nacid@ de la unión de la Energía Femenina y la Masculina. Este trío de dios@s también nos habla, entre otras muchas cosas, de la unión armoniosa y perfecta de todos los opuestos, que da como resultado un tercer polo, ese que reúne lo más elevado y excelso de cada una de las polaridades, es decir, el andrógino, el ser humano perfecto y completo que, en esencia somos, tanto las mujeres como los hombres.

                                                                  En cuanto a los templos, esa Trinidad está representada de otro modo, como sucede por ejemplo en el Templo de Edfú. Aquí nos encontramos con dos capillas rodeando al Sancta Santorum, el lugar central y más importante de cualquier tipo de templo, en el que de manera permanente siempre nos encontramos con la presencia divina, como quiera que esté representada. Incluso si no hay una imagen que la recuerde, al entrar en ese lugar sabemos que está ahí y podemos sentirla. En el Templo de Edfú, el Sancta Santorum está rodeado por dos capillas, una a la derecha y la otra a la izquierda. Pues bien, la capilla de la izquierda representa a Isis: la Madre, la derecha a Osiris: el Padre y el Sancta Santorum mismo es una representación del dios Horus: el Hijo nacido de la unión de ambos, acompañado, custodiado y protegido tanto por su padre como por su madre.

                                                                  En el Sancta Santorum del Templo de Edfú hay una hornacina en la que en su día  había una estatua del dios, así como un altar  en el centro, donde está depositada la barca solar, un símbolo egipcio del viaje del alma. Las barcas solares tienen los remos en la parte de atrás y simbolizan el viaje celeste, no el viaje terrestre. En todas las representaciones egipcias, con barcas y sin ellas, siempre se está señalando el volar, el viajar y el desplazarse, siendo el camino principal el que va de la vida terrestre a la vida del más allá, a la vida del alma, uno de los motivos por el que l@s egipci@s antigu@s daban tanta importancia a las tumbas y a los rituales funerarios, que permitían a l@s difunt@s de todas las clases, especialmente a los faraones, regresar al lugar del que un día partieron para encarnarse en la existencia humana y terrestre. En mi opinión, ese más allá que vemos reflejado en las tumbas y los templos egipcios, no es sólo el Reino del Espíritu sino también el Reino Cósmico, ese que nos encontramos en el preciso instante en que atravesamos el sistema solar en el que orbita nuestro planeta y la Vía Láctea, tantas veces comparada con el Nilo y asemejada a él como su expresión  terrestre, adentrándonos así en otros sistemas solares, galaxias y universos del Cosmos infinito.

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                                                                  Tras visitar este templo, regresamos al barco, en la misma calesa en la que hicimos el viaje de ida, atravesando las ahora bulliciosas calles de Edfú. Almorzamos y descansamos a bordo, mientras seguimos nuestro viaje por el Nilo hacia la ciudad de Kom Ombo, donde visitamos su templo y el Museo del Cocodrilo, que describiré a continuación.

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                                                                  El Templo de Kom Ombo está dedicado a los dioses Haroeris y Sobek. El primero de ellos también tiene cabeza de halcón y el segundo de cocodrilo, siendo el dios de estos animales que, durante una gran parte de la historia egipcia antigua eran considerados sagrados y, por lo tanto, cuidados y venerados como tales, siendo este templo uno de los lugares en los que estos animals vivían y se reproducían en condiciones especiales y muy diferentes a las de sus hermanos del Nilo. En la historia de Isis y Osiris, se dice que la columna vertebral de Osiris, fue tragada por un cocodrilo y encontrada después por su esposa en el lugar donde se levantó este templo. La edificación está situada sobre una plataforma rocosa en una curva del Nilo y cuenta con importantes textos jeroglíficos grabados en sus paredes, en los que pueden apreciarse, por ejemplo, los conocimientos anatómicos que l@s antigu@s egipci@s tenían, una Buena parte de los cuales permitieron a Isis reconstruir el cuerpo desmembrado de su esposo Osiris. En cuanto a la columna vertebral aquí encontrada, Isis la reconstruyó en cuatro partes, es decir, en las cuatro clases de vértebras que tiene la columna vertebral humana: cervicales, dorsales, lumbares y sacras, como bien puede verse en uno de los grabados de sus paredes.

                                                                  El barco atracó justo delante del templo y fue una delicia encontrarse con él nada más salir para dirigirme a su entrada. Como he dicho antes, el Templo de Kom Ombo está dedicado al dios cocodrilo Sobek, encargado de  devorar, tras la muerte del cuerpo, aquellos corazones que pesaban más que la pluma de Ma’at, la diosa de la justicia. Si el corazón de la persona fallecida era más pesado que la pluma de la diosa, significaba que ésta había realizado actos reprochables durante su vida y, por lo tanto, estaba cargado de maldad. En cambio, un corazón más ligero que la pluma, indicaba que la persona había sido bondadosa y, por lo tanto, no albergaba carga alguna en su corazón. Los metales pesados en el corazón y el alma, habitualmente llamados pecados y malas acciones, tienen mucho peso, mientras que el oro de la bondad y el amor es ligero como una pluma.  Por otra parte, un corazón ligero es también un corazón ilustrado, es decir, un corazón que sabe que la base de toda la belleza y la armonía de la vida y de las personas está en el amor genuine y puro, que tiene en esa parte de la anatomía humana su residencia permanente, y no solo de manera simbólica sino también real.

                                                                  También está dedicado este templo al dios Haroeris, por lo que se trata de una construcción inusual de diseño doble, es decir, había accesos, patios, salas, capillas y santuarios duplilcados para cada uno de los dioses en homenaje a los cuales se construyó. La mitad sur del templo estaba dedicada a Sobek, dios de la fertilidad y creador del mundo, que aparece junto a Hathor y Jonsu, mientras que la mitad norte estaba dedicada a Haroeris: Horus el Viejo, que figura junto a Tasenetnofret, la Buena Hermana y Panebtauy Señor de las Dos Tierras.

                                                                  El día anterior, en el templo de Edfú, le había preguntado al guía si había alguna averiguación nueva sobre el motivo por el que todas las figuras humanas aparecen  siempre representadas de perfil. No contestó entonces a mi pregunta, de modo que se la volví a plantear aquí. Nos dijo que el perfil representa el movimiento y el viaje por la vida, significando una dirección distinta cuando vemos el ojo derecho o el izquierdo de las figuras. Si es el ojo derecho el que muestra la imagen, simboliza el camino y el viaje de la vida terrestre hacia la vida del más allá. En cambio, si vemos el ojo izquierdo, representa el viaje a la vida terrestre desde la vida del más allá.

                                                                  El Museo del Cocodrilo, inaugurado en el año 2012, está a pocos metros del templo y en él pueden verse cuarenta de las trescientas momias de cocodrilo, de distintos tamaños y especies, encontradas en la zona. También podemos admirar aquí huevos de este reptil y un feto, así como algunas estatuas de madera y granite, entre otras curiosidades sobre este animal, convertido por l@s egipci@s antigu@s en dios de la fertilidad, la protección y el poder del faraón. Para la Cosmología Maya, por ejemplo, el cocodrilo, la iguana y el lagarto son igualmente animales importantes que, además de representar la supervivencia y la fecundidad, son también energías arquetípicas de la permanencia y la resistencia, cualidades que consiguen abrirse camino y perpetuarse a sí mismas, incluso bajo las condiciones de vida más precarias, gracias a la capacidad de adaptarse al entorno que tienen estos tres animales. La parte de reptil, que todavía hoy tiene el cerebro humano, tiene también que ver con esta capacidad para sobrevivir que, de no existir, nos llevaría a descuidar la parte física y carnal de nuestro ser, imprescindible para que la parte sutil y espiritual pueda expresarse y abrirse camino en el mundo de la materia. Los Mayas se regían por un Sincronario Soli-Lunar, que yo también tengo en cuenta desde que hace varios años comencé a estudiar y seguir su visión del cosmos. En ese Sincronario, uno de sus meses o lunas está precisamente dedicado al lagarto. Mientras escribí la mayor parte de estos artículos dedicados a mi primer viaje a Egipto, estábamos en ese mes.

                                                                  Tras estas visitas en Kom Ombo, volvimos al barco para continuar navegando por el Nilo hasta Aswan, la zona meridional de Egipto, donde permanecimos toda la noche, descansando y preparándonos para la siguiente jornada, en la que viajaríamos a través del desierto para llegar a Abu Simbel y visitar sus dos espléndidos templos, dedicado uno al faraón Ramsés II y el otro, más pequeño pero igualmente hermoso, a su favorite Nefertari. Estos templos fueron rescatados, pieza a pieza de las profundidades del Nilo, antes de construir la presa que cubre ahora de las fértiles aguas del río el lugar antiguamente ocupado por estos templos.

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María Sánchez-Villacañas de Toro

Guía de viajes sagrados y conscientes
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora. Escritora
Sanadora Psicoespiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos

VESICA PISCIS TOURS
Viajes Sagrados y Conscientes

+34 627 12 09 47
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© María Sánchez-Villacañas de Toro (16-02-2017) Todos los derechos reservados

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