EL ZODÍACO DE GLASTONBURY

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EL ZODÍACO DE GLASTONBURY

                                                                               Katharine Emma Maltwood (1878-1961), escultora, artista y esotérica británica, no hizo públicas sus ideas sobre la existencia del Zodíaco de Glastonbury hasta 1937, cuando publicó su obra Air View Supplement to A Guide of to Glastonbury’s Temple of the Stars. Dos años antes, en 1935, había publicado A Guide of to Glastonbury’s Temple of the Stars, usando el nombre K. E. Maltwood. No obstante esto, muchas fuentes informaron antes de esas fechas de su trabajo sobre el Zodíaco de Somerset en los años veinte del pasado siglo.
                                                                       A pesar de que un cierto número de fuentes: evidencias encontradas en historias de sant@s del este del país británico, historias locales, leyendas y folclore, apuntan a la posibilidad de un paisaje zodiacal en Somerset, no existe publicación alguna referida a una existencia cierta de dicho paisaje hasta el año 1888, cuando Helena Blavastky escribió por primera vez acerca de su existencia en The Secret Doctrine (La Doctrina Secreta). En consecuencia, y a falta de evidencias anteriores a 1888, podría llegarse a la conclusión de que la idea de la existencia de un paisaje zodiacal en Glastonbury y Somerset es una idea más bien moderna que antigua.
                                                                            En 1877, Helena Blavatsky (Sol en Leo, Ascendente Cáncer y Luna en Libra), fundadora de la Sociedad Teosófica y divulgadora de las enseñanzas sobre la existencia de una sabiduría eterna o conocimiento de la verdadera realidad (teosofía), presentó al mundo Isis Unveiled (Isis sin Velo), dividido en dos grandes volúmenes, un tratado sobre el papel de las antiguas tradiciones de misterios en el desarrollo pasado, presente y futuro de la humanidad. En ese texto de amplio rango e ideas radicales (en el doble sentido de esta palabra), expone un complejo modelo de los doce signos del Zodíaco, altamente influido por el tratado Rosacruz de Hargreave Jennings. La primera idea de dicha autora, es la exploración de una representación esotérica del zodíaco conocida como la Rueda de Ezequiel. En ella, los primeros seis signos zodiacales: desde Aries hasta Virgo, representan la línea ascendente hacia el macrocosmos de la creación y el incremento de la espiritualidad. Libra, que sucede al signo del servicio, representa al equilibrado signo del ser humano (celeste y terrestre a la vez), mientras que los cinco signos restantes: desde Escorpio hasta Piscis, con el que la rueda termina para volver a comenzar, representa la línea descendente del microcosmos hacia el incremento de la materialidad terrestre. La tensión entre las fuerzas de ascendente espiritualidad y descendente y más creciente materialidad, se cruzan en el punto central y esencial del ser humano, como sucede en la balanza de Libra.
                                                                      Otra parte de la idea de Blavatsky sobre el zodíaco, tiene que ver con una función muy antigua de éste: el papel clave que tiene el reconocimiento de los ciclos de transformación en las enseñanzas esotéricas de los pueblos antiguos. Esta noción de enseñanzas antiguas es también identificada en un lugar específico de la Tierra que, para Madame Blavatsky comprendería una parte de la ancestral y grande India Asiática, mucho mayor que la actual, basando esta localización en su creencia de que fue allí donde surgieron todas las enseñanzas de sabiduría. Literalmente, consideraba que ahí estaba la cuna de la humanidad, extendiéndose posteriormente esa sabiduría por todo el planeta y permaneciendo viva, aunque también oculta, en el corazón de ciertas mujeres y hombres, encargad@s de conservarla y continuar desarrollándola (este añadido es mío). Ese lugar especial era vislumbrado por Blavatsky como una hermosa isla, hogar de las Hijas y los Hijos de Dios, l@s Elohim, a la que no se podía acceder por mar sino únicamente por canales subterráneos por los que solamente l@s hierofantes, jefes e iniciad@s sabían y podían caminar. Al final de esos canales, estaban las grandes ciudades de esa antigua civilización, velada para quienes no estaban suficientemente desarrollad@s ni eran iniciad@s en los misterios de sabiduría de aquella lejana tierra. Según Blavatsky, esa isla estaba en lo que actualmente es el desierto del Gobi, así que actualmente se encontraría enterrada bajo sus arenas.

TOR

                                                                         Con su aportación sobre la Rueda del Zodíaco y la Isla de l@s Elohim, formada en realidad por doce islas, cada una de ellas regida por uno de los signos del Zodíaco y sus poderes formadores, Madame Blavatsky nos proporcionó dos importantes y potentes focos de la antigua sabiduría, dos escenarios en los que ésta se creaba, desarrollaba y transmitía sin cesar a través de los ciclos del tiempo. Cada uno de esos focos hacía posible, y lo sigue haciendo, el traspaso de las enseñanzas de sabiduría desde l@s Elohim: las diosas y los dioses creador@s, hij@s de Diosa/Dios, a l@s hierofantes y dirigentes de las escuelas de misterios y, en ellas, a seres humanos comunes que querían, y siguen queriendo, iniciarse en esa sabiduría para evolucionar, transformarse y contribuir, hasta donde sea posible, a la evolución y transformación del planeta Tierra y de todas las evoluciones que lo habitan.
                                                                         En su posterior y mucho más extensa y ambiciosa obra: The Secret Doctrine (La Doctrina Secreta), publicada en 1888, la importancia de la astrología y el zodíaco es un tema mucho más prominente y presente en las ideas de la señora Blavatsky. De hecho, es un asunto de extrema importancia en dicho trabajo, ya que considera que la astrología es construida completamente sobre la mística e íntima conexión entre los cuerpos celestes del sistema solar y la humanidad, constituyendo esa unión y la forma en que tiene lugar, uno de los grandes secretos sobre la iniciación y los misterios ocultos de la realidad y de la vida, tanto humana como planetaria, cósmica y divina. Igualmente, en La Doctrina Secreta, la teósofa rusa vuelve a la antigua tradición que habla de un mar en el interior de la Tierra y de la hermosa isla en la que habitan l@s Elohim, los poderes creadores, los doce signos zodiacales que antes mencioné, conectando con esas ideas y argumentos el cielo con la tierra, el zodíaco con el paisaje y el ser humano con la Eterna Fuente Creadora de la Existencia. Según su teoría, el Anillo Zodiacal de la Tierra era la fuente del mar de conocimientos transmitidos a la humanidad desde ese lugar estratégico y bello, y la fuente primaria para el Anillo mismo era el Zodíaco Celeste, el reino del divino conocimiento y esos poderes inteligentes que de forma invisible rigen el universo. La señora Blavatsky establece ese paisaje zodiacal en lugares muy especiales de la Tierra, lugares donde grandes misterios y verdades universales eran y son estudiados e impartidos a toda la humanidad, situando uno de esos lugares con paisaje zodiacal en las Islas Británicas. Describe a Sacerdotes Egipcios Iniciados, quiero imaginar que en Egipto también habría Sacerdotisas Iniciadas, viajando en dirección norte-oeste a través del Estrecho de Gibraltar y luego por tierra hacia Gran Bretaña, en un tiempo muy anterior a la separación del continente de Bretaña y a su transformación en una isla. Escribe también que el propósito de esos viajes era supervisar la construcción de los menhires y dólmenes, de colosales Zodíacos en piedra, y de sepulcros para servir de receptáculos a las cenizas de las generaciones por llegar.

TOR

                                                                                 Madame Blavatsky se preguntaba quiénes habían construido esas ciclópeas estructuras, como la de Stonehenge y Carnac. Según su observación, no fueron los druidas, quienes sólo habían heredado la ciclópea ciencia que les había sido transmitida por generaciones de poderosos constructores, magos tanto de lo bueno como de lo malo, de hecho los gigantes de antaño. Y por si a quien lea su obra le queda alguna duda, Blavatskhy afirma: En Cornualles y en la antigua Bretaña, las tradiciones de esos antiguos gigantes eran, por otra parte, excesivamente comunes; diciéndose que vivieron en el tiempo del Rey Arturo.
                                                                              Fue precisamente ahí, en los escritos de Madame Blavatsky referidos al paisaje zodiacal británico, donde Katharine Maltwood tomó la idea de Zodíacos en Bretaña, de gigantes y del Rey Arturo. Pero, ¿dónde oyó hablar por primera vez la señora Maltwood de paisajes zodiacales y de la ciencia que los hacía posible? Al parecer fue un amigo londinense, cuyo nombre nunca menciona en sus escritos, quien le introdujo en el tema, ya que Katharine estaba muy interesada en la tradición artúrica, en el Santo Grial y en los misterios antiguos de Bretaña. Varios de esos textos referidos al Rey Arturo mencionan leones y gigantes, de lo que Maltwood deduce que el león de las historias artúricas es también el Leo del Zodíaco. Ese amigo londinense, igualmente pudo ser quien le habló de la descripción de Blavatsky relativa a grandes zodíacos en el paisaje británico, despertando aún más el interés por el tema de Katharine Maltwood e impulsándola a leer sus obras, ya que también le interesaba la Teosofía, motivo por el que había teósof@s entre sus amistades y conocid@s. Posteriormente, ella misma escribió en Periódicos Teosóficos, aunque realmente nunca se hizo teósofa. En 1917, cuando la primera guerra mundial avanzaba, Katharine Maltwood y su esposo se trasladaron definitivamente a Somerset, adquiriendo la romántica mansión de Chilton Priory, lugar desde el que se veían perfectamente los niveles de Somerset de norte a sur, proporcionando una clara vista de al menos tres signos del paisaje zodiacal, centrándose aún más en el tema a partir de entonces y llegando a descubrimientos sorprendentes, de los que hablaré más adelante.
                                                                                Namasté.

                                                                          Para escribir este texto me he inspirado en el libro: Sings & Secrets of the Gastonbury Zodiac. An Anthology from the Maltwood Moot, editado por Yuri Leitch.

María Sánchez-Villacañas de Toro

Guía de viajes sagrados y conscientes
Psicóloga clínica, energética y espiritual
Astróloga. Cabalista. Formadora. Escritora
Sanadora Psicoespiritual por Arquetipos
Lectora de Registros Akáshicos
Lectora y creadora de Oráculos
Sacerdotisa de la Luna, de la Diosa y de Avalon
Diseñadora de Mandalas personalizados

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© Copyright texto e imágenes: María Sánchez-Villacañas de Toro (23-II-2018) Todos los derechos reservados

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